sábado, 4 de enero de 2014

Capítulo VI - Extraños en la ciudad



Aquellos dos eran unos extraños que acababan de aparecerse en las afueras de la ciudad de Nueva York. Nadie sabía de dónde venían y los más supersticiosos se santiguaban cuando los veían pasar. 
Eran un hombre y una mujer de apariencia muy humana pero había algo en ellos que delataba su naturaleza sobrenatural.
El dinero que habían tomado del policía les alcanzaba para un alojamiento, pero ¿Cómo harían con la comida? En el mundo humano todo tenía que comprarse, todo, incluso la vida. No había supervivencia alguna si no había dinero para eso.
Lucian tendría que robar para poder sobrevivir, pero de eso no querían hablar.
Un pequeño motel de mala muerte estaba en el camino y faltaba muy poco para el amanecer. Debían esconderse, y para poder ahorrar el dinero, Lucian y Jocelyn tendrían que alquilar solamente una habitación.
Incluso alquilando una habitación el dinero que tenían solamente les alcazaba para tres noches sin incluir la comida.
-Eso es lo de menos- opinaba Lucian presentando una actitud positiva y más relajada. Jocelyn estaba muy distante y en casi nada le hablaba.
-No robes, Lucian- le dijo al fin después de estar en la habitación oscura y silente por un largo rato –Ya has hecho demasiado por mí, no permitiré que sigas cometiendo crímenes por mi culpa-
-No es tu culpa, Josie, los dos estamos en la misma situación, tengo que hacer esto por mí también ¿Qué crees que puedo hacer yo?-

Ella no respondió, se limitó a estar sentada en la gastada cama con la mirada clavada en la mesa de noche, ausente. Él mientras investigaba el lugar, vigilaba por la ventana y contaba el dinero que le quedaba. 

También tenía la pistola con algunas balas.

La patrulla del policía la habían dejado abandonada lejos de allí.
El barrio se veía bastante sucio y conglomerado, pero eso era beneficioso.

Recayendo otra vez en lo perturbada que pudiera estar ella, Lucian se sienta en la cama y le dice:
-No podemos regresar a Idris. Sin embargo no sé qué pasaría si tratásemos de hablar con la Clave y explicarle la verdad… tal vez nos indultarían…-

-No quiero saber nada de Idris, Lucian- habló Jocelyn – No quiero saber nada de Nefilims... no quiero, no quiero, no quiero-

-Tranquila-

-Lo último que quiero es volver allá, es ser una Cazadora de Sombras...- le dijo con furia tajante.

- Acuérdate, yo no soy un Nefilim ya…Soy un condenado Subterráneo-

-Y yo no quiero ser una Nefilim como él- con ojos encendidos, ella le clava la mirada que Lucian sintió un poco de temor. No soportaba ver a Jocelyn así, porque ella siempre fue amable con él. Cuando todo el mundo le dio la espalda por ser un hombre lobo, solamente Jocelyn lo ayudó y siempre fue su amiga.
Tenía terror de perder el cariño y la amistad de ella, así que él era capaz de soportar y hacer cualquier cosa con tal de que eso no ocurriera. Con tal de que nunca Jocelyn se alejara de él.

-No tienes nada de qué preocuparte. Estamos a salvo aquí y lejos de los Cazadores de Sombras- la reconfortaba con su grave voz –Ya no tienes que ser nefilim, estamos exiliados de la Clave. Ya no le servimos, ni yo, ni tú, ni nadie del Círculo-

-El Círculo ahora seguirá su propia ley, la ley de él y tal eso sea mucho peor, Lucian- soltó ella con ojos brillantes.

-Olvídate de eso, ya no es asunto de nosotros. Estamos en el mundo humano, y entre ellos estamos a salvo también ¿No te das cuenta de cómo nos miran? Saben que somos algo extraño, por eso no nos molestarán. Nos dejarán en paz-

-El Círculo también está exiliado, ellos estarán aquí también. ¡Éste será su nuevo reinado y eso es mucho peor!… No estamos a salvo, los humanos no estarán a salvo-

La habitación era sencilla,  el motel tranquilo y solitario a pesar de estar en un barrio de las afueras de Nueva York bulliciosos y de mala muerte, donde las pandillas y los narcotraficantes abundaban. Pero para Lucian y Jocelyn era un lugar agradable que en nada se parecía al infierno que habían dejado atrás. 

-La Tierra es mucho más grande que Idris, no será fácil encontrarnos todos aquí-

La seguridad de Lucian la ayudaba, él era quien la mantenía viva. Porque Jocelyn no tenía voluntad para vivir más, se movía como si fuera un zombie, un ser muerto sin alma.

Muy cansada se recuesta de la cama y se queda dormida.

Lucian estaba también agotado pero en vez de acostarse prefirió quedarse despierto pensando, poniendo todas las ideas en orden. Tratando recuperar un poco de cordura después de la locura que habían vivido por días.

Era verdad que no estaban a salvo. Así que no descnasaría sino que vigilaría por la ventana, siempre, temiendo que Valentine, Maryse, Robert, Hodge y todos los demás se aparecieran por la calle allá afuera…

Pensaba con sentimientos encontrados que después de haber perdido tanto allá en Idris, de que llegara Valentine y enamorara a Jocelyn, de que llegara un hombre lobo y lo mordiera y le quitara su dignidad de Nefilim y su puesto en el Círculo y en la Clave…. ahora era él de los pocos sobrevivientes de la secta y de los licántropos de la manada, y además, Jocelyn se había quedado sola con él, sin esposo y sin hijo.

¿Era eso bueno o malo?

Estaba tan confundido, no sabía qué sentir.

El mañana era una niebla oscura extendida ante sus ojos.

Aquel barrio era un barrio de pandilleros, pero era en esos ambientes en donde ellos dos podían estar. Y aún así los mundanos no serían buenos, los humanos desconfiarían de ellos, les tendrían algo de miedo porque eran muy extraños.

Así eran los mundanos, ésa era la vida que tenían todos los del reino de sombras en la Tierra.

A la mañana siguiente Jocelyn despertó y encontró a Lucian sentado en el sillón junto a la mesa de noche donde había pasado la noche.

-Lucian-

El hombre lobo se despierta y estira los brazos. Jocelyn estaba sentada en la cama con el rostro más revitalizado.

-¿Cómo estás?- le preguntó él.

-Lucian, no tienes que robar. Podemos buscar un trabajo- le dijo ella enseguida, obviando la pregunta.
En realidad era una buena idea. Él se levantó del sillón con fuerzas renovadas y echó un vistazo por la ventana.

-Éste es un barrio de inmigrantes…- musitó a propósito.

-Si algo sé de los mundanos de este país es que muchos inmigrantes pueden trabajar, sin necesidad de tener una nacionalidad o una residencia-

-Bueno, no tenemos ni identificación. De hecho, no existimos teóricamente-

-Es cierto, pero podríamos conseguir una identificación- le dijo ella.

Lucian no sabía mucho del mundo humano, pero ya notaba lo mucho que Jocelyn sabía acerca de las leyes del mundo gracias a su vida con Valentine.

Además, ellos podrían buscar a otros subterráneos. Lucian abrió mucho los ojos y ya no se sentía tan mal.

-Hay muchos subterráneos viviendo en Nueva York también- recordaba él –Sí ¿Lo ves, Josie? Podremos sobrevivir aquí, te fe, amiga-

Ella no pudo sonreír pero había un nuevo brillo de fortaleza en su rostro y se sintió eternamente agradecida de tener a ese gran amigo incondicional allí con ella.