Luke fue golpeado por una oleada de celos. Y sus pupilas centellaron.
-Todavía ¿Cómo puedes?- controlándose logra balbucear esas palabras -
¡Después de todo lo que te hizo!-
Ella evadió su inquisitiva y penetrante mirada, fijando
su atención en el piso, en el muy corto espacio entre él y ella. Después de
todo, nadie más podía entender.
-No lo sé- respondió ella escuetamente.
Y entonces su mente viajó al pasado y por un momento
ella se sintió de 18 años otra vez; no hacía mucho tiempo, de hecho, es sólo que ahora parecía que habían pasado
100 años.
Estaba Jocelyn en un bosque florido de Idris, muy
cerca del lago. Era feliz por primera vez y el amor inflamaba su corazón.
Ella no era una chica de flores y campos, había
crecido para ser una guerrera, siempre vestida con pantalones poco femeninos,
siempre con los pies enfundados por botas. Ella ni siquiera se sentía muy
mujer. No era de aquel tipo ideal de chica que levantaba las miradas al pasar.
Pero aun y así como era, él se había fijado en ella.
Y eso le dio una nueva vida.
Aquel sábado por la mañana corría y corría libre,
apretando contra su pecho la flor que el chico Morgenstern le había regalado en
la fiesta.
No existía nada más para ella que él, el muchacho que
le había tomado de la mano y le había dicho que la amaba. Y fue cuando Jocelyn
Fairchild supo que en verdad era mujer. Todo el mundo se quedó boquiabierto,
que Valentine Morgenstern se fijara en la insípida hija de los Fairchild,
cuando él podía elegir cualquier otra más bella. Jocelyn parecía más un varón, siempre de
arriba para abajo con aquel raro de Lucian Graymark, y con aquellas fachas poco
coquetas. Pero el extravagante Cazador de Sombras se había enamorado, viendo en
ella lo que los demás no veían.
Y se atrevió a hacer lo que nadie nunca hizo, decir
que era hermosa, invitarla a bailar, tomarla en sus brazos y darle un beso en los
labios.
Ahora junto con él aprendía a ser la mejor Cazadora de
Sombras, aunque no existieran demonios en su mundo feliz.
Jocelyn Fairchild se había aventurado por campos donde
antes no había pasado, siempre a orillas del lago. Y no había visto a nadie,
hasta que distingue a lo lejos algo en medio del paisaje.
Ingenua, no se imaginaba que hubieran demonios
asechando. Ingenua no tenía ningún miedo de acercarse a la sombra que estaba a
orillas del lago.
Valentine estaba allí solo, era él, y no había nada más alrededor, ni el
trinar de un pájaro.
Ella se le acercó y lo encontró totalmente diferente a
la última vez que lo vio, sus brillantes ojos estaban opacados y su rostro
pálido lo ensombrecía la melancolía.
Jocelyn presintió que el joven cargaba con una gran
pena, que nunca antes había demostrado. Lo hacía ahora frente a ella. A su
lado, los dos en silencio, y él le tomó de la mano
Él estaba allí en el lago, no sabía por qué. Finalmente
él habla como susurro:
-¿Tú crees en los Instrumentos Mortales, Josie?-
-Sí, supongo que sí…- contestó, admirando el gran azul
del lago en el que se reflejaban los rayos del sol- Con ellos nos crearon a
nosotros, nuestra raza, con La Copa Mortal- y estando en ese lugar se sintió
muy inspirada al recordar las leyendas. Y así no podía negar que creía en
ellas-
-Deben ser muy poderosos- comentó Valentine
inexpresivo.
-Sí. Imagina. Si uno tuviera la Copa Mortal…- se
imaginó Jocelyn con aire soñador–Podríamos hacer más como nosotros ¿Verdad?
Perfectos, como soldados…-
La mano de Valentine apretó la suya con emoción.
-Es cierto, sí –exclamó como ante una revelación,
luego dejaron sus ojos azules de admirar el magnífico lago para admirarla a
ella- Eres brillante, Josie ¿Lo sabes? Tú y yo, mi amor, no somos como los
demás. Tú siempre has estado un paso más adelante-
Las palabras de Valentine obraban en ella lo que
imaginaba que hacía una bendición del Ángel.
-Los demás no lo veían, pero yo sí- le dijo, sin soltarle
la mano, sin quitarle esa mirada profunda de sus ojos- Te amo, Josie, con todo
mi corazón-
Ella sintió un vuelco en el corazón y su mano en la de
él tembló. Era algo que nunca antes había sentido y que no podía explicar.
-Valentine- en ese momento no tenía palabras para
decirle, le salió torpemente su preocupación –No entiendo por qué te encuentro
tan triste, tan solo. No tienes razón para estar así-
-Sí las tengo-
fue lo que respondió, como si le faltara el aire.
-Quisiera
poder retroceder el tiempo y hacer que tu padre recobrara la vida. No tienes
que hacerte el fuerte conmigo, Valentine, yo no te juzgo, te comprendo-
El rostro del
joven parecía irradiar la belleza azul que mostraba el mismo lago, y había
alegría otra vez en aquellos grandes ojos.
–Nadie puede
entenderme, pero tú, Josie… yo contigo siento que puedo ser. Ser-
Ella sonrió y
asentía comprendiendo enteramente su alma.
-Y te
necesito, siempre conmigo, para poder tener esa firmeza ¿Lo ves? Siempre
conmigo, Josie, para poder yo existir-
---*---*---*---
Ahí estaba ahora, a sus 23 años, sin poder explicarle a Lucian lo que pasaba entre ella y Valentine ¿Cómo decirle que le costaba creer que Valentine hubiera hecho lo que hizo? Aunque lo hubiera visto con sus ojos, el cuerpo de su bebé cargado en sus brazos, hacía tan sólo meses atrás, ya estaba empezando perder credibilidad la convicción de los hechos.
Pero eso era innombrable, y había jurado venganza y seguiría siendo así aunque no se pudiera
imaginar llevarla a cabo y ella terminar con la vida del hombre que decía que
la necesitaba para existir.
-Dime, Josie- Luke la tomó por las caderas, haciéndola
estremecer con aquel contacto, sintiendo su pasión. “Josie”, como la llamaba Valentine, y sentía otra vez amor; porque
Luke hacía rato que había dejado de ser
su amigo; y si ella veía a Valentine en él, o si lo que sentía por él era la
sombra de su amor, no le importaba.
-Lucian… yo todo lo que te digo es que tú puedes
controlar el Cambio- balbuceaba tratando de ignorar lo que sentían ambos, pero
Luke la apretaba y la atraía hacia él…sin escape.
-Dime cómo puedes seguir amándolo a él- y os ojos
pardos de él, sus oídos escuchaban el corazón desbocado de Jocelyn –Y ¿Qué
sientes ahora, por mí?-
Era lobo dentro de sí, allí en aquel momento presente,
y el lobo la quería a ella. El lobo era lo que el hombre no se atrevía a hacer.
Ya la librería estaba oscura pues ya tocaban las ocho
de la noche en el reloj. Y nada entraría a interrumpirlos.
El lobo quería salir otra vez, pero esa noche la
ternura y el amor que estaba demostrando Jocelyn doblegaban la fuerza de su maldición.
Estaba controlándolo.
Definitivamente enamorada de él, no lo rechaza, y sin
nadie que se interpusiera, Luke busca sus labios y los encuentra.










