jueves, 9 de octubre de 2014

Capítulo XXI - El Maestro

-Jace-
Robert, Maryse y Hodge permanecían parados bajo el arco de la entrada observando al hombre vestido de negro con ansiedad… e inquietud.
Llovía intensamente afuera y las gotas de lluvia chocaban ruidosamente contra los cristales de la catedral.
Era grande la diferencia en él, cuando estaba con el bebé. Todos parecían ver a un hombre distinto en ese momento.


Valentine llevaba su uniforme de Cazador de Sombras, pero su aspecto difería al que solía tener en Idris. Estaba más delgado y ya no era tan imponente físicamente. Estaba cambiando en cortos períodos de tiempo. Ya no era tan pulcro, tan elegante a como era, y se estaba dejando crecer largos mechones de cabello de una manera extraña.
La sangre de demonio obraba en él, y cada día se alejaba de su humanidad; y sus experimentos con la magia negra también estaban dejando rastros físicos en toda su persona.
Pero cuando estaba con su hijo parecía el mismo en sus gestos, muy humano y con algo de sensibilidad.
Aunque la sensibilidad era muy a su manera. De nunca haber ocurrido el Levantamiento, y de nunca haberlo abandonado Jocelyn, sabían que a Jonathan le esperaba una educación rígida y fuerte por parte de su padre, y de su madre también.
Porque ella era igual. O lo fue.
Ahora estaban en su búsqueda, y Los Lightwood le habían dicho a La Clave que Jocelyn se había suicidado y que Lucian probablemente también estaba muerto. No era verdad, El Círculo los estaba cazando, y La Inquisidora no era tonta.
Ella sabría la verdad de un momento a otro.
Pero eso no importaba ahora. En realidad se preguntaban qué tanto podía llegar a cambiar Jocelyn Morgenstern.
-Nunca más deben llamarlo por su nombre- dijo al fin en claro tono de advertencia a la gente que estaba ahí en el cuarto con él.
-Se llama Jace Lightwood, como lo reconocimos ante la Inquisidora- Hodge daba parte de todo el plan que se seguía fielmente –Hijo adoptivo de Maryse y Robert-
-Bien- Valentine sonó profundamente triste ante eso. Pero luego recuperó el temple y alzaba al niño como si lo sopesara y lo examinara cual médico.
Luego lo volvió a cargar contra su pecho, pero había una mirada severa e intimidante en sus ojos. Jamás sería un padre, sino un dictador, y ahora no tenía a la única persona que lo controlaba un poco. Valentine era una fuerza descontrolada ahora, incluso contra sí mismo.
-Todavía está muy pequeño- dijo Maryse con aire maternal. Robert la abrazó preocupado, pues la presencia de Valentine lo ponía muy nervioso. Robert en realidad se preocupaba mucho más por la
seguridad de su esposa y su hijo Alec, pero era fiel seguidor del Círculo, así que a pesar de sus recelos, cuidaría a Jace con todo su empeño.
La habitación estaba oscura, y ellos seguían sin intervenir mucho. Estaban expuestos, con todo y lo que hacían, nada garantizaba su seguridad, y nada les aseguraba que La Clave jamás se enteraría de la traición, de lo que ocurría secretamente tras los muros del Instituto, propiciado por los mismos directores nefilim.
El ambiente siempre sería tenso y angustioso.
Y Valentine no quería irse, no quería soltar al niño y dejárselo a los Lightwood. Le pesaba su destierro, y su misión. Sentía demasiado dolor por las traiciones, y todavía ardía en él el deseo de seguir con su familia.
Había algo raro pululando en su interior. Por un momento Valentine se miró al espejo en penumbras y él mismo vio su cambio. Y se odiaba, ésa era la verdad, no le importaba nada porque se odiaba. Un nefilim por cuyas venas corría también sangre de demonio por su propia voluntad, y eso siempre fue porque una parte de él siempre se odió.
Y continuaría así, no le importaba ser un monstruo, ni siquiera por su hijo.


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Un tiempo después vuelve a aparecerse Valentine Morgenstern en el Instituto ¡Qué traición tan grande se estaba gestando en las entrañas de aquel lugar. Un instituto, era como estar dentro de la misma Clave!
Ahí se aparecía, siempre como una sombra indeseada, como un peligro. Y siendo tan pequeño, Jace también lo esperaba. Ya estaba gateando con muchas energías, y crecía sano y fuerte. Y lo primero que le enseñaba su padre era a llamarlo "Maestro".
Era un tutor, y el adiestramiento comenzaría mucho antes de lo que podría hacerse con un pequeño. Y lo adoraría, sería su Maestro y su única figura paterna. Jace era su esperanza, su arma, y el crimen dentro del corazón de La Clave.
Su tesoro con que lograría recuperar la vida que perdió en Idris.
Asombrosamente, Valentine logró que el niño empezara a hablar y a caminar antes de lo que esperaban. Ante aquello, Maryse no podía hacer nada, aunque ella se preocupara mucho por el crecimiento que tendría aquel bebé en manos de ese "maestro".
Y el tiempo pasaba horriblemente rápido.
Lo que sería de él en el futuro, nada podían hacer. Todas las noches Robert le daba fuerzas a su esposa que aún sentía algo por Jocelyn, y sabía que no estaba muerta y que sufría. Pero no debía encariñarse demasiado con Jace. No podían los Lightwood interferir en su vida, ni en los planes del Círculo.
Eran otras las cosas que los Lightwood debían enfrentar, y era mantener su muy bien formada mascarada.

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-¿En Salem?- Luke escuchó la historia de Jocelyn con atención, después de que ella saliera ilesa de la fiesta de Magnus Bane. Y apresurados iban a refugiarse donde la manada de Alaric.
-Sí, hay un lugar allí donde Magnus nos va a prestar ayudar, a través de un amigo. Un tal Ragnor Fell-
-Otro brujo- gruñó él.
-Sí- torció el gesto ella, notando rastros del Lucian del Círculo todavía en su ser.
Jocelyn se inquietaba ahora por las miradas de Luke. Tal vez sólo eran ideas de ella. Tal vez no, y lo que había mantenido la falsa idea de amistad entre los dos era una barrera mental creada por los diversos factores que antes influían en la vida de Jocelyn. Pero el deseo estaba presente en sus grandes ojos pardos, ahora mucho más que antes.
Y cada día que él aprendía a vivir con el lobo, ese deseo estaba más latente.
Ya no podía ser más como antes. En ella tampoco, por eso no debían estar solos. La idea de volver con Alaric esa noche era de mucha ayuda. Ya no estaba segura de poder mantener la distancia.
Soy Jocelyn Morgenstern gritaba la vocecilla en su mente. Y qué tormento, su cuerpo era una cosa y su mente otra. Y su corazón… algo totalmente aparte.
¿Qué te pasa Luke? ¿Por qué no eres el mismo de antes?" De vez en cuando le decía ella con los ojos. No hacían falta ella el haberlo visto aquella noche en el Central Park no había obrado ningún cambio aparente en ella. Pero obviamente que en él sí.


Y Luke sabía lo que era eso. Jocelyn no se imaginaba que él guardaba un secreto que llevaba dentro de sí desde antes de que se convirtiera en hombre lobo.
-Vámonos a donde habita la manada de Alaric- le dijo secamente ella, y tomando el control de todo, para que dejarla de mirarla con esos ojos- Y mañana mismo partiremos a Salem-
Siguieron caminando hacia los suburbios, lejos de Manhattan y de donde estuvieron la otra vez, cuando recién habían llegado de Idris.

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Pero Luke no pudo evitar viajar al pasado, mientras observaba a Jocelyn marchar como si nada le preocupara.
La verdad era que hubo muchas más cosas antes de su encuentro en el baño la otra noche. No era la primera vez que él husmeaba. Jocelyn no tenía idea de que una vez la había visto en verdad, despojada de toda su ropa, hermosa y apasionada como nunca.
Fue una noche ardiente en que reunidos celebraban un conciliábulo oculto en medio del bosque, lejos de Alacante. Todos estaban allí, él, Jocelyn, los Lightwood, los Herondale, los Starkwheather, Blackwell, Pangborn y, por supuesto, Valentine.
Luke en ese momento podía sentirse tal como en aquella noche, y era fabuloso.
Escuchaban a Valentine ya haciendo sus planes y se sentían los amos del mundo. Y Jocelyn, ella brillaba como con luz propia, orgullosa y enamorada (Pero no de él) Fiel a su esposo, y feliz, aunque ahora lo negara. Lo escuchaba como todos los demás, y era gran parte de él.
Entonces, brillaba la luna llena enorme y solitaria en un cielo profundamente negro, cuando el Círculo ya daba por terminada la reunión, y los fuegos de magia negra se apagaban. Valentine no dijo más nada, simplemente se giró hacia su Jocelyn y la tomó de la mano.
A Lucian le dio un vuelco el corazón. Celos, alegría por ella, todo eso sentía. Y siempre era así, siempre que su parabait se la llevaba. Estaba tan feliz, y lo amaba tanto que él no podía odiar a Valentine. Él hacía feliz a su amiga, y Lucian debía estarlo también.
Pero ¿Qué hizo en ese momento? ¿Esa vez, a diferencia de las aneriores? Lucian los siguió, Valentine se llevó a Jocelyn del círculo de reunión y él los siguió, a lo profundo del bosque.
No sabía qué hacía, ni a dónde iba. Seguía sus tontos instintos y sus celos.



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Su mirada se perdió por completo mientras caminaba por las sucias aceras de la ciudad detrás de Jocelyn, ambos con chaquetas y capuchas cubriéndoles el rostro. Los mundanos pasaban a su alrededor como sombras aparte, como si no existieran.

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Cuando Lucian llegó a un claro del bosque al lado de donde caía la cristalina cascada que llegaba al Lago Lyn, los descubrió para su sorpresa, todas sus ropas estaban tiradas por donde Lucian pasaba y más adelante la luz de la luna brillaba sobre la piel blanca y desnuda de su Jocelyn, tendida sobre la hierba mientras que Valentine estaba sobre ella y la hacía suya. Y el corazón se le desbocó, y sintió mucho miedo de que lo descubrieran.


Si Valentine se daba cuenta, lo mataría.
Pero cruelmente no podía marcharse, se escondió detrás de los matorrales, lejos, pero demasiado cerca a la vez como para poder verla y desear con locura estar en el lugar de su parabatai.
Eso era ahora Lucian Graymark, un mirón, un espía invadiendo la privacidad más íntima. Pero ella era demasiado hermosa, él siempre supo que era hermosa, incluso cuando era desarreglada y poco femenina, antes de que ese Morgenstern llegara y pusiera sus ojos sobre ella. Pero por tonto la perdió y allí estaba con otro.
Con ojos que parecían poder más en la oscuridad que antes, observaba cuánto había perdido a la mujer que amaba.
No podía seguir allí, y arriesgándose a que se dieran cuenta se su presencia. Se obligó a marcharse. Y desde entonces no podía esperarse que Lucian pudiera interesarse por otra mujer ¿Cómo podía?
No podría, tan simple como eso.
Así que finalmente arrancó sus ojos de la íntima escena y se fue en contra de su voluntad, y se perdió por lugares peligrosos, con esos que sentía, y eso que había hecho pensándole más que nunca, y Los Morgenstern jamás entendieron qué hacía Lucian en bosques tan peligrosos cuando fue mordido…
Ahora en el presente Nueva York le era insípida y aburrida. Había perdido tal vez a su amada una vez, pero ahora no, ahora no la perdería.
Los ojos de Luke brillaron como focos de luz, y el que lo hubiera visto en ese momento, hubiera pensado que una bestia estaba a punto de atacar.



Capítulo XX- Exilio

"Parabatai" pensó Valentine Morgenstern al ver a la bestia, una enorme sombra que cruzaba fugazmente la batalla en la librería.
Era el hombre con el que unió su alma, y después de años aún sentía a Lucian Greymark como parte de él. Ágiles en batallas, uno en conexión con el otro, hermanos por siempre…
"Y por eso él se enamoró de su esposa" pensó con un ardor en las entrañas, pero sacudió esos recuerdos de su mente con dolor.
En medio del humo, no tenía ojos para ver más nada, para ver a la persona que se escurría por la ventana de al lado, huyendo de él; la bestia había destruido a todos sus rapiñadores y ante eso Valentine sentía la debilidad corriendo por sus venas. El mejor Cazador de Sombras y era más débil que un Subterráneo…
Y un Subterráneo que también le había quitado a su mujer.
Pero ya no podía sentir a Lucian ni tener su fuerza, ya no eran parabatai, y en ese momento lo había perdido por completo. Porque él se había convertido en un Subterráneo y Valentine, Valentine se transformaba cada día en un demonio.


Qué gran ironía, sangre de demonio en ambos; en uno involuntariamente y en el otro, por su propia decisión.
Por eso se había quedado parado, porque por un momento volvió a haber una conexión mística entre los dos, por un breve momento que se desvaneció en el humo. Y no la volvería a haber si es que Valentine no se equivocaba.
El jefe del Círculo entró al local para destruir a Luke, pero después de una encarnizada lucha lo único que había quedado era un extraño silencio, y buscando con los ojos y los sentidos ya no podía encontrar otra vez al monstruo.
Pangborn salió a su encuentro, no sabía de dónde:
-Ha matado a Adriana- informa a un Valentine ausente.
-¿Dónde está Lucian?- rasguñó el hombre ignorando lo que le decían.
Sin respuesta, de un golpe aparta a Pangborn y a todos los que se le cruzaban. Ya no había nada en ese lugar.
Nada.
Sus ojos centellaron e ignorando a todos sus secuaces, los vivos y los muertos, se dirige con paso firme hacia las escaleras del fondo, pasando de largo el agujero en la pared que había sido el escape para sus presas.
La librería estaba destruida pero no el piso de arriba, y Valentine descubrió el hogar que había alojado a Jocelyn todos esos meses.
Y era un hogar, un cálido lugar, y en todas partes se sentía su presencia: las rojas cayenas que siempre le habían gustado, los pañuelos sobre los brazos de los muebles, el frutero infaltable decorando la mesa…. y las pinturas. Valentine clavó sus ojos en la de un niño sonriente que era la que decoraba la entrada.
"Jonathan" murmuró. Y nadie podía ver que estaba llorando, el salado ardor de las lágrimas cruzaban sus mejillas.

---*---*---*---

Jocelyn lo vio entrar y apenas sentía el dolor de las cortadas en sus piernas. Era él, y ahora temía por la vida Luke como nunca antes.
Entonces se decidió irlo a enfrentar, enfrentaría a Valentine si eso salvaba a Luke. Aún tenía un cuchillo en su mano, uno grande y afilado que le había cortado un costado mientras se escurría sin ser vista, y esa hoja filosa iría directamente a su pecho. Así fuera lo último que hiciera.
Estaba oculta por la sombra de un parapeto maltrecho tirado junto a la pared del vecino, sucio y roto y que no tenía ninguna razón de estar allí. Ahora la tenía, protegía a Jocelyn de ser vista.
Sus piernas sangraban, su costado sangraba, pero su sangre fue su salvación. El olor era el rastro perfecto: La bestia la encontró.
Era Luke que había sobrevivido y estaba fuera del local, en la calle allí cerca de ella.



---*---*---*---

En el barrio de East Elmhurst ya habían pasado demasiadas cosas. Los bomberos llegaron tarde como siempre y apagaron el fuego que había consumido el local, pero sin encontrar ningún cuerpo, ni nada que explicase lo que había ocurrido allí.
Y todo era extraño, los jóvenes muertos en la parada de autobús, la librería quemada y destruida sin explicación. Pero no era la primera vez, y los mundanos se desentendían de lo que no podían comprender.
Esas cosas pasaban y punto. Nadie se iba a mortificar más por eso.
Así que una vez más todo se olvidaría pronto.

---*---*---*---

La ciudad de Nueva York daba la bienvenida a otro día gris, y era como un laberinto de cuadras y edificios que palpitaba con el trajinar de miles de personas, en el día tras día, hasta que el mundo llegara a su fin.


Magnus Bane era conocido como el Gran Brujo de Brooklyn. Evadía a los Cazadores de Sombras pero una nefilim había logrado dar con él, cuando éste celebraba una de sus estrafalarias fiestas en la zona industrial en donde vivía.
-Jocelyn Morgenstern- el brujo supo enseguida que ella estaba allí. Había tocado el timbre de la puerta y una pequeña rendija de abrió casi enseguida -¿Cómo pudiste dar conmigo?-
-No creo que sea algo tan difícil, después de todo eres el Gran Brujo de Brooklyn y tus fiestas son memorables- le dijo la mujer al otro lado del portón.
La música de fondo era estruendosa y casi no se podía hablar.
-Tu presencia aquí pone en peligro mi fiesta, Cazadora de Sombras- repuso Magnus con severidad –Por culpa de ustedes yo casi que no puedo hacer más ni una fiesta ¿Ven?-
-¿Y qué es lo que he hecho yo? O Luke. Dime, Magnus-
-Pues, por culpa de ustedes dos es que ese loco anda por aquí acabando con todo el Submundo. Así que ya éste ya no es el lugar seguro que solía ser- respondió él –Y mis guardias tienen orden de acabar con cualquier Cazador que sea avistado por aquí-
-Pero nadie me ha atacado a mí-
Magnus no dijo nada.
-A mí no quieres hacerme daño, de hecho no quieres hacerle daño a nadie. Deja de hacerte el indiferente-
-No me importa ningún nefilim, de hecho, pero me veo muchas veces inmiscuido en sus asuntos-
-Todo el mundo está inmiscuido en esto. No es cuestión mía o de Luke. Valentine está aquí para destruirlos a ustedes y tomar el poder. Nuestro asunto les concierne, y mucho, a ustedes-
Magnus nuevamente no dijo nada. Y Jocelyn se estaba arriesgando mucho con estar ahí afuera en eso.
-Eso es cierto- al fin reconoció la voz detrás del portón–Además, vi a aquella gente otra vez-
-¿Dónde?- exclamó ella involuntariamente y un frío recorrió todo su cuerpo.
Después de eso se oyó un crujido y un movimiento detrás de la puerta y Jocelyn respiró pues Magnus le estaba abriendo.
La mujer entró sola al local concurrido e iluminado, e inmediatamente el brujo cierra con llave tras ella. Aquello adentro estaba lleno de Subterráneos, y de Subterráneos de todas clases, pero Jocelyn no estaba de humor para ponerse a ver a la gente que estaba allí.
-Será mejor que te apresures- le dijo Magnus de mala gana, como si no le gustara nada que la concurrencia de su fiesta viera a la Cazadora de Sombras que estaba llegando a su casa –Hubiera sido mejor que viniera Luke- comentó.
-Luke está vigilando allá afuera, y no tiene forma humana-
-Ya, entiendo. Fue muy bueno lo que hizo en el Central Park, por cierto, él solo acabó con un manojo de demonios de Valentine- el brujo la guió por un sendero que bordeaba la zona de reunión y que llegaba hacia el edificio.
-Sí, pero…- Jocelyn tomó aire pues aquel estado la tenía agotada siempre- Fue precisamente por aquel altercado que El Círculo dio con nuestro paradero… en la Librería Garroway- y sintió una punzada de dolor. Luke y ella habían levantado aquel lugar con amor, y ahora estaba en ruinas.


-Ahora que lo pienso. Nunca supe qué hacía Luke tan imprudentemente en el Central Park esa noche-
Ella evadió su mirada. Y no necesitaba excusas, la gente de la fiesta dejaba de hablar cuando ellos pasaban y estaban comenzando a verla
-Es un novato, eso. Y no tiene manada ¿No? Y por culpa de su imprudencia es que ustedes están ahora en esta situación- Magnus seguía su camino sin prestar atención al hecho de que todo el mundo estaba murmurando a su alrededor –Te conté que había visto a aquella gente de nuevo. Pues sí, fue hace cuatro días, Jocelyn Morgenstern, a Emil Pangborn en "La Luna del Cazador". Lo debes conocer muy bien-
-"La Luna del Cazador"- Jocelyn se detuvo en seco –¿Y están todos bien?- pensó en Alaric y en todos sus amigos de la manada de licántropos.
-Tranquila, no pasó nada, el hombre aquel no hizo nada, pero obviamente que estaba vigilando- expresó con disgusto –¡Vaya individuos más desagradables los amigos de tu esposo! Y tu esposo también lo es; si lo vieras ahora no lo reconocerías-
-Él ya no es mi esposo, Magnus…-
-Lamento recordarte que estás casada con él, todo el mundo sabe eso- y luego señaló hacia el brazo de Jocelyn- Y la marca de matrimonio no se te borra ¿Eh? Valentine debe tener una igual… hum-
Entonces tanto Magnus como Jocelyn se dieron cuenta de que muchos Subterráneos estaban mirando fijamente hacia ellos. Para ser más exactos, las miradas iban todas dirigidas hacia Jocelyn.
-Ven, rápido- él la tomó del bazo y se la llevó apresuradamente a la puerta de su casa –No deberías estar aquí, eres una Morgenstern-
Jocelyn estaba demasiado incómoda, ocurría lo mismo que ocurrió en "La Luna del Cazador" Los Subterráneos no confiaban todavía en ella.
Una vez adentro, se encontraron en la residencia de Magnus Bane, que por fuera no inspiraba más que un simple apartamento como todos los del loft de la zona, pero por dentro era un lujo muy exótico. A Jocelyn le gustó estar allí, sobretodo porque estaba a salvo de las miradas temerosas de la gente.
-Gracias- le dijo con suave voz –Aprecio lo que haces por mí. Sé que no te corresponde-
-No me corresponde, pero conozco tu historia, Jocelyn Morgenstern. Me la han ido contando, los rumores vuelan- los ojos de gato de Magnus eran inexpresivos –Lamento lo de tu hijo. Entiendo lo que sientes ahora, y sé que no apoyarías nunca a Valentine-
Cada vez que alguien le recordaba a Jonathan ella sentía que no podría controlarse. Pero en esos días después de la reveladora noche del miércoles, mucho había pasado. No sabía si confiar en el brujo y confesarle sus dudas, sus sentimientos, pero se avergonzaba.
-Ni Luke ni yo vamos a traicionar a nadie. Sólo queremos sobrevivir, y ahora necesitamos ayuda-
-Y por eso viniste conmigo- un gato enorme y esponjoso se había acercado a los pies de Magnus, y Magnus lo tomó en sus brazos.
-Sí, eso creo- respondió tristemente la mujer. No tenía a nadie más, había escuchado a los de la manada de Alaric decir que aquel Magnus Bane se las sabía todas, pero ahora mucho se temía una gran negativa de respuesta y ella tendría que salir otra vez a la calle y quedarse ella y Luke como unos vagabundos errantes deambulando sin rumbo hasta que la muerte al fin diera con ellos.
-Pues no te equivocaste-
Al principio creyó que no había oído bien, pero Magnus continuó:
-Tal vez pueda ayudarlos. Me da pena su situación, y lo que has pasado, y eso no es algo común en mí- Magnus jamás le diría que le agradaba, porque era diferente. Además, ya había ayudado a otros nefilim en el pasado - Sé que no eres como tu esposo- por un momento echó un vistazo por la ventana y luego volvió a cerrar las cortinas –Hay un lugar del que no saben muchos de los Cazadores de Sombras, un lugar del que no debe saber El Círculo. Luke es Subterráneo ahora, aunque fue una vez nefilim, pero es posible que los acepten allí por eso-
-¿Un lugar?- ella sintió una oleada de aire fresco y nuevo en el ambiente.
-Un submundo, sí, oculto. Todo lo que puedo hacer es decirte cómo llegar allá. Si los aceptan estarán a salvo del Círculo por un tiempo- el brujo se dirigió hacia otra habitación y regresó con unos papeles en la mano.
-El Submundo de Salem aquí- extendió sobre la mesa uno de esos mapas del estado de Nueva York que vendían en las estaciones del metro –Todo este territorio. Pero está oculto por un poderoso Glamour- dibujó con un lápiz un área redonda sobre el mapa que afortunadamente no quedaba tan lejos de allí.
Luego se apresuró:
-No les será fácil, las cosas han empeorado. Lo del hotel Dumort… todas esas cosas que habrás visto en los periódicos…- puntualizó tamborileando los dedos sobre el mapa- Todos saben del Círculo y hay un enorme descontento entre los Subterráneos-
-Valentine también está asesinando a mundanos. Y está aliado con los demonios. Es un enemigo de los nefilim así que ésta es una guerra de todos-
-Lo sé, pero no todos lo entienden- Magnus recogió los papeles –Y no puedes estar aquí. Obviamente que mis invitados se inquietaron mucho al verte y me meteré en graves problemas si se enteran de que estuve ayudándote-
Le regaló el mapa y con cortesía la invitó a salir de su casa.
-Vayan allá al sitio marcado en el mapa, y busquen Ragnor Fell, en un local llamado "Crow Haven Corner". Cuando no está en Idris, él suele estar allí- prosiguió y la llevó de nuevo a la puerta, sin prestarle atención a las miradas inquisidoras. Y como despedida el brujo dijo –Suerte-