En el centro de
un barrio de las afueras de Queens, un viejo local que estuvo abandonado por años volvía
a estar ocupado otra vez.
Una pareja
recién llegada había comprado el lugar con dinero en efectivo y sin chistar.
Parecían estar muy felices de adquirir aquel horrible sitio.
Los vecinos estaban
curiosos pues la pareja era obviamente extranjera, pero nadie podía saber
exactamente de qué país. El hombre y la mujer era realmente extraños, pero
decir era por qué era imposible.
Una vez que
hubieran cerrado el trato, Luke y
Jocelyn se mudaron enseguida llevando sus pocas pertenencias al local que
contaba con dos pisos. Era pequeño pero cómodo. El segundo piso tenía dos
habitaciones y la parte de abajo estaba hecha para el comercio.
habitaciones y la parte de abajo estaba hecha para el comercio.
Jocelyn admiraba
lo feliz que estaba Luke con eso, lo hacía todo con mucho entusiasmo y amor.
Ella en cambio no podía sentir nada, no todavía, veía aquel lugar como un
refugio nada más. Pero en cambio para Luke era como un nuevo comienzo.
Ojalá ella
pudiera verlo así, un nuevo comienzo. Pero Jocelyn no podía olvidar, y jamás
olvidaría ¿Cómo podía olvidar algo que fue su vida entera? sus padres, su hijo
y también su esposo… el pasado feliz todavía tenía una gran vida dentro de ella
a pesar del último y devastador año… en que descubrió tantas cosas horribles y
terminó en algo que casi destruye su propia vida también…
-Nos irá bien-
Luke se apareció por la puerta con una sonrisa en su boca. Jocelyn se había
quedado absorta en la habitación del segundo piso, que tenía una ventana tan
polvorienta que no se podía ver hacia afuera -¿Te gusta esta habitación?-
Ella trató de
animarse, al menos por él que estaba haciendo un buen esfuerzo por ayudarla.
Asintió levemente.
-Cada uno en una
habitación, por supuesto- aclaró él rápidamente, para no dejar lugar a ninguna
mala interpretación –Si te gusta ésta, yo me puedo quedar en la que está al
lado del baño-
Ella asintió.
Hubiera querido ser más expresiva pero no pudo.
Ojalá ella
pudiera olvidar y apreciar a su amigo más. Pero su vida pasada viviría allí con
ella siempre, Valentine no era fácil de olvidar aunque eso le pesara toda su
vida. Estudió a Luke todos esos días con una sensación angustiosa en su pecho,
y supo que Valentine tenía razón con respecto a Luke.
Se
estremeció, aunque no había nada de malo
en ellos vivir allí juntos. A nadie le importaba. Se alejarían de todos, ya no
estarían en contacto con los Subterráneos de La Luna del Cazador ni nadie que
la juzgara. Y si alguien pensaba que ellos eran algo más que amigos pues no
importaba.
¿Había de verdad
algo malo en ella? Mientras se frotaba sus brazos llenos de marcas de estela y
runas que quería borrar de su cuerpo, Jocelyn pensaba con horror que si
Valentine no lo hubiera arruinado todo, ella seguiría junto a él hasta el final.
Ésa era la
verdad.
Se estremeció otra vez ante eso, y no quería pensar. Pero
pensar sería lo que la acompañaría todas las noches de su vida. Lo que hubiera
sido ella si Valentine no hubiera traicionado a su propia familia, y ella se
hubiera quedado con él en todo. El dulce rostro de Luke la miraba ignorando
todo lo que estaba pensando.
A la final Jocelyn simplemente alzó la mano y le
acarició la mejilla, con frialdad.
Los días pasaban
y el trabajo en el local avanzaba a pasos agigantados pues los dos estaban dedicados
a mejorar su nueva casa, planeando Luke empezar un negocio, ayudado por Alaric nada
más, quien era el único que seguía viéndose con ellos y sabía mucha de la
verdad.
Una librería.
Ésa era la idea, y a ambos les gustaba: La Librería Garroway. Así la
bautizaron.
En Idris siempre tenía todo su tiempo muy ocupado,
ahora allí, Jocelyn empezó a pintar otra vez, disponiendo de un espacio al
fondo de la librería, que era solitario y acogedor, con una ventana pequeña que
daba al patio de atrás. Lo primero que pintó fue el rostro de un niño.
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Después de varios días en Alacante, fuertemente
interrogados por La Clave, finalmente los Lightwood fueron indultados, y
confinados junto con Hodge a trabajar en el Instituto de Nueva York.
Pero de ninguna
manera estaban exentos de culpa. La Clave los tenía a todos bajo una lupa, y
tal vez pensaban usarlos de alguna manera en su cacería de Valentine y los del
Círculo.
Nadie sabía más
al respecto. Robert y Maryse cada vez estaban más solos con su familia, ahora
de dos niños, al margen de El Círculo y olvidándose de esa vida pasada para
ahora vivir en Nueva York como una familia relativamente feliz.
Pero no pasó
mucho hasta que su realidad golpeó a su puerta otra vez.
-La Clave no
tiene el Instituto vigilado-
La voz siseante
del hombre que llegaba hizo que Hodge sintiera un escalofrío.
-¿No es así,
Hodge?-
-Está seguro
aquí, señor, nosotros nos encargaremos de eso. Lo que le hemos informado a
Clave es que se fue muy lejos de aquí-
Hodge dejó pasar
a Valentine, que venía oculto por un enorme abrigo negro.
-Sin embargo… no
hay que confiarse, señor- le advirtió nervioso. En el Instituto no había nadie
que conociera a Valentine, aparte de él y los Lightwood.
-Quiero ver a
Jonathan- ordenó.
Las visitas de
Valentine al Instituto eran peligrosas, pero inevitables. El hombre quería
estar al lado de su hijo aunque no pudiera decir que era su padre. Se haría
pasar por un maestro ante todos.
El bebé estaba
rozagante, muy alegre en su cuna. No mostraba ni la menor señal de un pasado
tan trágico o una herencia maldita.
Cuando Valentine
lo vio su dureza se doblegó totalmente y pensó en Jocelyn. Entre rabia y dolor
cargó a Jonathan y lo acostó sobre su pecho. Robert y Maryse se mantenía
parados bajo el arco de la puerta, muy nerviosos de que alguien descubriera
todo.
En su
mente, la obsesión por su ideal y el
amor que sentía por Jocelyn se mezclaban como el fuego y la lava. Odiaba ese
amor que lo debilitaba tanto.
Su propósito era
mucho más grande que la vida de un hombre, pero ese amor no lo debaja. Debía
tenerla a ella otra vez o no podría vivir. Haría como había pensado, usaría al
niño para obligarla a ella a dejar a Luke y regresar con él, de alguna manera.
Ese niño era su
mejor arma para todo.


