viernes, 25 de abril de 2014

Capítulo XII - La Librería Garroway



En el centro de un barrio de las afueras de Queens, un viejo local que estuvo abandonado por años volvía a estar ocupado otra vez.
Una pareja recién llegada había comprado el lugar con dinero en efectivo y sin chistar. Parecían estar muy felices de adquirir aquel horrible sitio.
Los vecinos estaban curiosos pues la pareja era obviamente extranjera, pero nadie podía saber exactamente de qué país. El hombre y la mujer era realmente extraños, pero decir era por qué era imposible.
Una vez que hubieran cerrado el trato,  Luke y Jocelyn se mudaron enseguida llevando sus pocas pertenencias al local que contaba con dos pisos. Era pequeño pero cómodo. El segundo piso tenía dos
habitaciones y la parte de abajo estaba hecha para el comercio.
Jocelyn admiraba lo feliz que estaba Luke con eso, lo hacía todo con mucho entusiasmo y amor. Ella en cambio no podía sentir nada, no todavía, veía aquel lugar como un refugio nada más. Pero en cambio para Luke era como un nuevo comienzo.
Ojalá ella pudiera verlo así, un nuevo comienzo. Pero Jocelyn no podía olvidar, y jamás olvidaría ¿Cómo podía olvidar algo que fue su vida entera? sus padres, su hijo y también su esposo… el pasado feliz todavía tenía una gran vida dentro de ella a pesar del último y devastador año… en que descubrió tantas cosas horribles y terminó en algo que casi destruye su propia vida también…
-Nos irá bien- Luke se apareció por la puerta con una sonrisa en su boca. Jocelyn se había quedado absorta en la habitación del segundo piso, que tenía una ventana tan polvorienta que no se podía ver hacia afuera -¿Te gusta esta habitación?-
Ella trató de animarse, al menos por él que estaba haciendo un buen esfuerzo por ayudarla. Asintió levemente.
-Cada uno en una habitación, por supuesto- aclaró él rápidamente, para no dejar lugar a ninguna mala interpretación –Si te gusta ésta, yo me puedo quedar en la que está al lado del baño-
Ella asintió. Hubiera querido ser más expresiva pero no pudo.

Ojalá ella pudiera olvidar y apreciar a su amigo más. Pero su vida pasada viviría allí con ella siempre, Valentine no era fácil de olvidar aunque eso le pesara toda su vida. Estudió a Luke todos esos días con una sensación angustiosa en su pecho, y supo que Valentine tenía razón con respecto a Luke.
Se estremeció,  aunque no había nada de malo en ellos vivir allí juntos. A nadie le importaba. Se alejarían de todos, ya no estarían en contacto con los Subterráneos de La Luna del Cazador ni nadie que la juzgara. Y si alguien pensaba que ellos eran algo más que amigos pues no importaba.
¿Había de verdad algo malo en ella? Mientras se frotaba sus brazos llenos de marcas de estela y runas que quería borrar de su cuerpo, Jocelyn pensaba con horror que si Valentine no lo hubiera arruinado todo, ella seguiría junto a él hasta el final.
Ésa era la verdad.
Se estremeció otra vez ante eso, y no quería pensar. Pero pensar sería lo que la acompañaría todas las noches de su vida. Lo que hubiera sido ella si Valentine no hubiera traicionado a su propia familia, y ella se hubiera quedado con él en todo. El dulce rostro de Luke la miraba ignorando todo lo que estaba pensando.
A la final Jocelyn simplemente alzó la mano y le acarició la mejilla, con frialdad. 




Los días pasaban y el trabajo en el local avanzaba a pasos agigantados pues los dos estaban dedicados a mejorar su nueva casa, planeando Luke empezar un negocio, ayudado por Alaric nada más, quien era el único que seguía viéndose con ellos y sabía mucha de la verdad.
Una librería. Ésa era la idea, y a ambos les gustaba: La Librería Garroway. Así la bautizaron.
En Idris siempre tenía todo su tiempo muy ocupado, ahora allí, Jocelyn empezó a pintar otra vez, disponiendo de un espacio al fondo de la librería, que era solitario y acogedor, con una ventana pequeña que daba al patio de atrás. Lo primero que pintó fue el rostro de un niño.

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Después de varios días en Alacante, fuertemente interrogados por La Clave, finalmente los Lightwood fueron indultados, y confinados junto con Hodge a trabajar en el Instituto de Nueva York.
Pero de ninguna manera estaban exentos de culpa. La Clave los tenía a todos bajo una lupa, y tal vez pensaban usarlos de alguna manera en su cacería de Valentine y los del Círculo. 
Nadie sabía más al respecto. Robert y Maryse cada vez estaban más solos con su familia, ahora de dos niños, al margen de El Círculo y olvidándose de esa vida pasada para ahora vivir en Nueva York como una familia relativamente feliz.
Pero no pasó mucho hasta que su realidad golpeó a su puerta otra vez. 
-La Clave no tiene el Instituto vigilado-
La voz siseante del hombre que llegaba hizo que Hodge sintiera un escalofrío. 
-¿No es así, Hodge?-
-Está seguro aquí, señor, nosotros nos encargaremos de eso. Lo que le hemos informado a Clave es que se fue muy lejos de aquí- 
Hodge dejó pasar a Valentine, que venía oculto por un enorme abrigo negro.
-Sin embargo… no hay que confiarse, señor- le advirtió nervioso. En el Instituto no había nadie que conociera a Valentine, aparte de él y los Lightwood. 
-Quiero ver a Jonathan- ordenó.
Las visitas de Valentine al Instituto eran peligrosas, pero inevitables. El hombre quería estar al lado de su hijo aunque no pudiera decir que era su padre. Se haría pasar por un maestro ante todos. 
El bebé estaba rozagante, muy alegre en su cuna. No mostraba ni la menor señal de un pasado tan trágico o una herencia maldita.
Cuando Valentine lo vio su dureza se doblegó totalmente y pensó en Jocelyn. Entre rabia y dolor cargó a Jonathan y lo acostó sobre su pecho. Robert y Maryse se mantenía parados bajo el arco de la puerta, muy nerviosos de que alguien descubriera todo. 
En su mente,  la obsesión por su ideal y el amor que sentía por Jocelyn se mezclaban como el fuego y la lava. Odiaba ese amor que lo debilitaba tanto.
Su propósito era mucho más grande que la vida de un hombre, pero ese amor no lo debaja. Debía tenerla a ella otra vez o no podría vivir. Haría como había pensado, usaría al niño para obligarla a ella a dejar a Luke y regresar con él, de alguna manera. 
Ese niño era su mejor arma para todo.