lunes, 16 de diciembre de 2013

Capítulo V - El adiós

El policía reacciona y trata de pararse con dificultad del suelo, sucio y pantanoso. Tenía todo su uniforme manchado de sangre, y sentía su hombro derecho y cuello entumecido y ardiente. El arma seguía guardada en la pistolera pues nunca llegó a sacarla. Pero ahora su preocupación era otra: Tenía una herida en alguna parte del hombro, y aunque no pudiera vérsela sabía que era profunda y grande.

¿Cómo pudo aquel hombre demoníaco hacerle semejante herida? Se preguntaba el mundano. No tenía idea, pero se estremeció de pies a cabeza pues lo que le había sucedido esa noche era algo totalmente sobrenatural, y ahora se encontraba allí solo, sin patrulla y desangrándose.

No tenía modo alguno de llamar a nadie, todo se había quedado dentro de la patrulla.


El hombre estaba muy débil como para intentar detener algún vehículo de la autopista, pero tal vez no tendría que hacer eso: Por el mismo lugar por donde vio llegar al hombre que lo atacó venía alguien más, de hecho era un grupo de gente y venían todos caminando hacia él.

---*---*---*---

-¿Dónde estamos?- Valentine no reconoció el lugar a donde habían llegado. Era intimidante, una enorme autopista llena de carros que pasaban a gran velocidad era todo lo que veía.

-En Nueva York. Aquí llegaron ellos- le explicó Blackwell, y Valentine observa con curiosidad la enorme ciudad iluminada que tenían enfrente de ellos.

-¡Miren, allá hay alguien!- Hodge que estaba más adelante, había encontrado algo en la vía.

Después de cruzar el portal, los sobrevivientes del Círculo llegaban a Nueva York por el mismo sitio por donde Jocelyn y Lucian lo habían hecho.

Iban todos vestidos con sus negras armaduras, sucias de la batalla, y peligrosas armas. Así los vio el policía apenas el farol de la autopista los ilumina con su luz de neón, un grupo de rockeros vestidos de negro caminando por el borde de la autopista, y uno de ellos cargaba un bebé en sus brazos.

-Rayos ¿Y ahora quiénes son ustedes?- resopló el hombre que estaba sentado en el borde de la autopista, se había quitado la chaqueta para ponérsela sobre el cuello y así detener el sangrado que tenía.

Valentine con sus fríos ojos azules observa que el mundano estaba herido, y que la herida que el policía tenía en el hombro y parte del cuello claramente eran profundas cortadas causadas por el zarpazo de una mano armada de garras.

-Lucian estuvo aquí- le dijo a sus secuaces con su siniestra voz. Cargaba con celo al bebé en sus brazos y no tenía intenciones de soltarlo por nada.

El Círculo rodea al hombre herido, formando como un muro “humano” alrededor de él. Los automóviles que transitaban por allí tenían la vista bloqueada por ellos.

El policía definitivamente estaba aterrado puesto que aquellos extraños hombres llevaban consigo largas y brillantes espadas. Intentó sacar su arma, pero, ante un gesto de Valentine, Hodge y Pangborn el policía es detenido. Los dos hombres sujetaron al policía con fuerza, haciendo que le fuera imposible moverse.

-Dime algo, mundano- le habló Valentine -¿Acaso viste por aquí a un hombre y una mujer llegar por donde nosotros mismos llegamos?-

-Tal vez- hablaba el prisionero con mucha dificultad, pues Hodge y Pangborn le cortaban la respiración y además le dolía mucho la herida. Lo habían obligado a arrodillarse frente a Valentine.

-¿Por dónde se fueron? Dime- le pregunta éste.

-Se llevaron mi patrulla, es todo lo que sé. No pude ver más, pues si no han notado, ese hombre me hirió- protestaba el prisionero, forcejeando contra sus captores.

Valentine suelta un bufido con fastidio, voltea hacia Maryse que estaba detrás de él y le dice:

-Mátalo, quiero su cabeza-

Maryse titubea. El hombre era sólo un mundano, y un mundano ante Valentine era como un subterráneo. Solamente un insecto al cual aplastar con el pie.

-¿Por qué tengo que hacerlo yo?- preguntó molesta. Ante esa reacción Valentine le clava los ojos con un brillo asesino.

-Eres del Círculo ¿No es así Maryse?- rasguñaba las palabras –Si no eres capaz, si no haces lo que yo te digo, no debes estar aquí entonces. No eres del Círculo, por lo tanto nuestra enemiga-

Después de intercambiar una mirada con su esposo, ella saca su espada serafin de brillante filo plateado y con un ligero movimiento, rápido y fuerte, decapita al policía que estaba sujeto por Hodge y Pangborn.

Valentine sonríe satisfecho mientras que con una mano sostiene la cabeza que le ofrecía Maryse, pero el bebé empieza a llorar desesperadamente en sus brazos.

-Debemos ir al Instituto antes de que ellos lleguen, si es que van para allá- Robert habló, a propósito del hecho de que la Clave tenía uno de sus Institutos ubicado allí en Nueva York.

-Ninguno de nosotros puede ir allí. Esos traidores no irán para allá- siseó Valentine. Con desprecio observa la cabeza del policía por un rato, luego decide arrojarla a la autopista –Sin embargo…- pensó.

El Círculo comenzó a caminar, lejos de la visión de los automóviles y del cadáver. El bebé lloraba inquieto, pero con todo el ruido de la ciudad, apenas se oía su llanto.

-No puedo permitir que crezca como un exiliado ¡Eso no lo voy a permitir! Él debe crecer en el Instituto- Valentine trataba de calmar a Jonathan, pero muy adentro de él decía “necesita a su madre” –Pero yo no podré estar con él…-

Los demás hicieron silencio, después de la frialdad que había en su rostro ahora se cruzaba una sombra de tristeza.

-Ustedes dos pueden salvarse, junto con su pequeño hijo. Pero yo no-  les decía a Robert y Maryse.

-La Clave lo tiene, a mi Alec- a Maryse se le quebró la voz. Los Lightwood había dejado a su hijo con poco tiempo de nacido en lugar seguro en Idris cuando estalló el Levantamiento.

-Así es, ustedes deben rendirse ante ellos. Entonces podrán recuperar a Alexander y tener su familia aquí en el Instituto-  había que hacer planes, habrían cambios para todos -Yo lo perdí todo- murmuraba ahora el jefe del Círculo con dolor en su voz y en sus ojos, distrayendo su mirada hacia la ciudad de Nueva York –Perdí a mi familia, me traicionaron. Tenía preparado un futuro de gloria para todos nosotros, pero Jocelyn me dio la espalda. Ahora no puedo hacer mucho-

-Pero… Valentine ¿Qué…?- El Círculo preguntaba.

-Tampoco puedo estar con mi hijo porque no puedo pretender que sea un perseguido como yo. Quiero que crezca a salvo, y eso sólo lo puedo lograr teniéndolo en el Instituto, junto con otros niños. Nadie sabrá quién es él-

Era una decisión muy difícil.

-Necesito que ustedes se entreguen a La Clave y logren que los perdonen, que los asignen al Instituto. De nada me sirve que sean unos prófugos igual, y ustedes no quieren eso, perder a Alexander… -meditó sus palabras que no le eran fáciles- Así podrán cuidar de Jonathan. Será como su hijo adoptivo-

Todos estaban sorprendidos ante la fortaleza de Valentine, que aunque fuera el Nefilim más cruel que haya existido, lo que más le importaba en la vida era Jonathan (y Jocelyn también)

-Lo haremos- dijo Robert.

-Mi hijo no sabrá quién es su madre, y no puede saber que yo soy su padre al menos mientras considere que sea peligroso. Los Morgenstern estamos condenados, por eso no será un Morgenstern, al menos no por un tiempo-

-Eres fuerte- le dijo Maryse -¿Qué piensas hacer tú?-

-Pero no crean que estoy dispuesto a rendirme así. Jocelyn está confundida, por culpa de Lucian. Yo los buscaré así me tome años, y recuperaré a mi familia, a Jocelyn y a Jonathan así sea dentro de 20 años. Tenemos tiempo-

Tal vez Valentine divagaba pero en ese momento tan duro estaba dispuesto a cumplir con su venganza. Miró al bebé al que entregaría a los Lightwood.

-Estaré con él, tal vez no como su padre, pero no lo dejaré-
Hodge, Robert y Maryse estaban perturbados por aquellas declaraciones.

-Por ahora tengo que decirle adiós a mi hijo. Nos tenemos que separar-

Tal vez Valentine divagaba pero en ese momento tan duro estaba dispuesto a cumplir con su venganza. Miró al bebé al que entregaría a los Lightwood.




Capítulo IV - Nueva York

Jocelyn y Lucian no sabían a dónde ir, los carros pasaban velozmente frente a ellos como si no les importara atropellarlos.

Tal vez así era, de hecho, habían llegado a un mundo donde no podían existir.

Casi hipnotizada, Jocelyn se aferra al brazo de Lucian, porque estaba aterrada, todavía deseaba morirse, irse a donde estaba su hijo Jonathan, a donde Valentine lo había mandado cruelmente.

Ella todavía no podía creerlo, que el hombre que lo engendró, el hombre que tan dulcemente había estado con ella tantas noches dejándole a esa unión el regalo de amor que es un hijo… ese mismo hombre lo haya matado.
Las imágenes de la noche de bodas, en la mansión que Valentine había comprado para ella, golpeaban su mente en ese momento.

Ella esa noche temblaba, era tímida y virginal, y Valentine vestía un traje blanco tan elegante que parecía un príncipe. La besaba gentilmente en los labios, en su cuello haciéndola gemir, y poco a poco le quitaba la ropa, adueñándose de su virginidad…

Todo ese amor, algo que una mujer nunca olvidaba, su primer hombre, y el que la hizo madre: Se sacudió violentamente los recuerdos: ahora sólo había odio.  Ése, el que había engendrado en su vientre, se lo había quitado todo cruelmente.

Muerto, muerto, jamás podría borrarse de su mente la imagen del pequeño cadáver tirado junto al de sus abuelos.

La mano apretaba el brazo de Lucian mientras las corrientes de aire los sacudía fuertemente. Lucian la aparta de la autopista pues Jocelyn parecía estar dando pasos cada vez más cerca del peligroso transitar de los automóviles neoyorquinos.

-¿A dónde iremos ahora?-  al fin reacciona -¿A dónde iremos, Lucian? No tenemos nada- tenía los ojos perdidos y un inmenso deseo de morir.

No tenían dónde ir y no tenían dinero, que era lo que movía el todo mundo mundano.

Lucian se la llevaba por el borde de la autopista hasta llegar a un puente que iba a Manhattan. No sabían cuál era exactamente, porque no conocían ninguna dirección, no conocían los nombres de las calles o puentes de aquella enorme ciudad.

Y no tenían tiempo.

Los ojos de Lucian enseguida se clavaron en unobjetivo, y ante eso, hizo que se detuvieran junto a una valla mientras se mantenía en alerta:

-Espera aquí- le dijo a Jocelyn.

-¿A dónde vas??-

Jocelyn no entendía qué iba a hacer él. Sus ojos buscaron en la dirección hacia donde él tenía puesta su atención y distinguió que había un automóvil azul parado al borde de la autopista más adelante.

-¿Qué no es eso uno de esos policías de las calles?-balbuceó.

-Espérame aquí y no hagas nada- le ordenaba Lucian.

-Lucian ¿Qué haces?- ella le tomó del brazo otra vez–No te acerques a los mundanos-

-Espérame aquí, Jocelyn. Yo te cuidaré, te lo dije-

Ella ya sospechaba lo que él iba a hacer.

Había una patrulla estacionada en la autopista, probablemente vigilando o esperando atrapar algún prófugo o algo. En Nueva York, eso era muy común.

El gordo policía vestido de negro esperaba sentado tras el volante mientras oía en la radio las transmisiones de la comisaría. Estaba estacionado en un lugar donde solamente transitaban automóviles, es por eso que el hombre se sorprende cuando descubre que alguien venía caminando hacia él desde algún lugar de la orilla.

El policía se baja del automóvil y espera.

Un hombre muy extraño se acercaba a él efectivamente, y a pesar de que era joven y no tenía mal aspecto, al policía le dio muy mala espina.

Posó su mano sobre el arma y dijo:

-Oiga ¿Lo puedo ayudar en algo? Este no es lugar para transeúntes-

Lucian se acercó más sin decir nada, lo que puso en alerta al policía, y cuando Lucian al fin estuvo bajo la luz de una farola que le iluminaba todo el rostro,  el policía dio un sobresalto: el hombre joven tenía ahora otro rostro, un rostro demoníaco con encendidos ojos amarillos.

-¡Dios mío!- exclama a pesar de que jamás en su vida fue religioso ni mucho menos. Pero ante una visión tan antinatural como aquella solamente podía pensar en Dios.

Pero el policía no alcanzó a decir más nada porque Lucian le saltó encima con ferocidad  y en un dos por tres deja inconsciente al hombre de un zarpazo.

De no haber estado Jocelyn atrás observando todo, él hubiera matado al mundano y se lo hubiera comido, porque tenía mucha hambre. Pero Lucian jamás haría algo así frente a Jocelyn, lo avergonzaba demasiado.

-¡LUCIAN!!- ella gritaba horrorizada, ya no toleraba ver más violencia.

El policía herido e inconsciente queda tirado a un lado de su auto, Lucian rápidamente le quita las llaves, la cartera, todo lo quetenía encima y se monta en la patrulla, la enciende y el auto avanza para buscar a su amiga y compañera:

-Ven, rápido, móntate- la llama desde el auto- Vamos ¡No podemos quedarnos aquí!-

Ella obedece a pesar de todo, aunque no le quita los ojos al hombre herido tirado junto a la autopista, sintiendo naúseas.

-Estará bien, tranquila, no lo maté. Solamente necesitaba su dinero y su automóvil- le explicaba él.

-¿Por qué haces todo esto?-

-¿Qué?-

-¿Por qué haces todo esto por mí?- ella fue más directa –¿Por qué me salvas?-

-Porque somos amigos de toda la vida, por eso ¿Tú no harías lo mismo por mí?- 

-Supongo…- aquella pregunta la acongojó. Ella no había hecho nada para evitar que Lucian fuera mordido por un hombre lobo. Ella tampoco supo lo que Valentine había hecho con él, y si lo hubiera hecho estaba demasiado enamorada de su esposo como para pensar que estaba mal. Se sintió fatal.

-Lamento que hayas visto eso- reconoció Lucian muy avergonzado,todavía con rastros de sangre en sus manos. Jocelyn era un ángel hermoso y él en cambio era un animal, una bestia.

Manejaba sin rumbo por una calle transitada -Pero mira, tenemos algo de dinero-

-Robamos-

-No, robé yo, no tú-

Hicieron silencio. Él manejaba ahora con un destino en específico.

-No nos irá mal, ya lo verás. Aquí estamos mejor que en Idris. Éste es un mundo enorme, no nos encontrarán-

Ella parecía ensimismada, observando el paisaje que pasaba por la ventana. Era un lugar amenazante aunque decían que los mundanos no eran ningún peligro para un nefilim. Tal vez Lucian tenía razón, y estar con él la reconfortaba.

Y muy a tiempo se habían alejado ellos de allí, porque por el portal venían otros exiliados de Idris, atravesando mundos para llegar a Nueva York.


Capítulo III - Juramento de venganza

Robert y Maryse eran los mejores cazadores de sombras al servicio de Valentine que pudiera haber en Idris. Eran los dos fuertes y letales.

Hacía poco que se habían casado, y planeaban un futuro de gloria Nefilim para sus hijos en un Idris puro y limpio de subterráneos.

Cuando llegaron a la finca de los Fairchild, encontraron todo quemado hasta los cimientos. No había rastros de Jocelyn en ninguna parte, Valentine les había ordenado buscarla y llevarla a donde él, pero esa misión no iba a poder llevarse a cabo.
 Después de la pelea que tuvieron en el palacio de la Ciudad de Cristal, después de que ella hubiera abandonado el Círculo, Valentine entró en una crisis pues su parabatai, Lucian Greymark, era quien había ayudado a su esposa a conspirar contra él.

Pero lo peor estaba por venir.

---*---*---*---

El hombre estaba parado en el umbral de un enorme castillo gris que se dibujaba contra el cielo enrojecido por el fuego y la sangre de la batalla, y una enorme capa negra cubría toda su figura.

El Levantamiento había fracaso gracias a su propia gente, gracias a su propia esposa. La mujer que tanto había amado lo había traicionado cruelmente, su parabatai lo había traicionado….

Y La Clave estaba detrás de ellos, así que no podría estar allí por mucho tiempo más.

No tardó en divisar la silueta de Robert Lightwood alta y majestuosa que se acercaba por el camino. Sabía que se encontrarían allí.

-¿Jocelyn?- preguntó sin esperar a que el hombre y su esposa, que venía más atrás, terminaran de llegar -¿Dónde está?-

Robert no decía palabra alguna.

-¿Viva, muerta? ¿Dónde?- inquiría implacable. Robert no respondía, estaba atónito.

-Maryse ¿Dónde está?- severamente Valentine le pregunta a Maryse ahora.

-Jocelyn huyó, no está muerta- ella respondió con frialdad.

A Valentine le temblaron los labios. Evadió la mirada de sus matones.

-Imposible ¿Cómo  pueden estar seguros?- gruñó negando con la cabeza y enfocó su atención en el castillo –Aquí íbamos a vivir, si yo hubiera tomado el poder. Ella, yo y mi hijo- suspiró –No ¿Cómo pudo huir? No es posible-

-Jocelyn huyó, Valentine. Nos traicionó- Maryse no tenía pelos en la legua para callar aunque su esposo le lanzara miradas nerviosas –Y huyó con Lucian-

Un giro violento hizo que Valentine encarara a sus dos matones otra vez, y eso hizo retroceder a Robert y a Maryse.

-Tú lo sospechabas- al fin Robert hablaba, tratando de defenderse de una posible acusación. Valentine se acercó a él y con brusquedad lo sujeta por el cuello de la chaqueta. Pero Robert no calló –Por eso te llevaste a Jonathan y le hiciste creer que lo habías matado, admítelo. Sabías que ella te iba a dejar con Lucian llevándose a tu hijo-

Ambos estaban armados con espadas filosas y cuchillos y  Maryse era ahora quién temía  un ataque de Valentine ante aquellas palabras terribles. No se quedó de brazos cruzados:

-No es momento para esto, Valentine, déjalo. Hay que huir. Nosotros también tenemos que huir, Hodge ya nos ha abierto el portal y nos espera, pues ya la sentencia está dictaminada: estamos desterrados de Idris, condenados a muerte si permanecemos aquí-

-Hodge nos dijo que el portal ya había sido usado. Hodge y Jonathan, tu hijo está con él, vamos- continuó Robert, quien como hombre no podía evitar sentir empatía por su jefe.

Valentine le quitó los ojos de encima a Maryse y volvió a Robert. Tenía esa mirada azul inyectada de sangre y las ojeras que la bordeaban eran negras.

-Entonces fue por allí que Lucian se llevó a mi esposa ¿No es así, Robert?- con voz de serpiente Valentine taladraba a Robert con sus terribles ojos –Por ese portal-

Era difícil para el hombre hablarle claro sobre la traición de su mejor amigo, sobre la huída de Jocelyn por culpa de la influencia de Lucian Graymark…. a Robert le costaban las palabras:

-Así es, los vieron, la gente de Alacante… - confesó la comprobada realidad –Cuando veníamos para acá nos enteramos, los vieron, a Lucian y a Jocelyn entrar al palacio de la reina hechicera Hada-

La furia en Valentine se había transformado en una profunda tristeza, en debilidad y agotamiento. Sus manos ya no sujetaban con fuerza a Robert. Estaba demasiado agotado.

-Tú tienes la Copa Mortal, tú tienes a Jonathan. Estás con más ventajas que ella, Valentine- Maryse trataba de aplacarlo, pero sus razonamientos no surtían efecto en el hombre.

Los ojos azules del líder del Círculo se extraviaron en el castillo que tenía enfrente, y una nube de ensoñaciones cegaron su realidad.  Se apartó de los dos Nefilims, dándoles la espalda.

Había una realidad que lo abrumaba: Jocelyn merecía morir, pero no podía odiarla, la amaba demasiado a pesar de la cruel traición.

-Está escapando de mí pero no lo logrará- dijo al fin, en una voz siniestra y apenas audible para Maryse y Robert –Será mía otra vez, se la arrancaré a Lucian porque ella es mía y de nadie más. Mía-

Entonces Valentine volteó hacia los dos Nefilims, y estos vieron en su rostro los ojos de un demonio.

-¡ES MÍA!!!-les  gritó histérico.

Y sintieron miedo.

Pero muy adentro y a pesar de todo también sintieron algo de pena por aquellos dos que fueron una vez sus amigos, porque les esperaba algo terrible.

-¿Y Lucian?- Robert se atrevió a preguntar con cierto regocijo pues sabía la respuesta muy bien.

-Nos iremos de Idris, sí, por el mismo portal, al mismo lugar a donde fueron ellos- respondía, arrastrando las palabras con sadismo- Y los cazaremos. Lucian es un “hombre” muerto-

Respiró profundo y parecía más tranquilo.

-No descansaré hasta matar a Lucian Graymark- sentenció.

Los tres Cazadores de Sombras del Círculo abandonaban el camino, emprendían su marcha hacia el exilio, dejando tras de sí una estela de muerte y destrucción, y con la Clave pisándole los talones. Se internaban en la neblina del bosque aledaño y Robert y Maryse no se imaginaban que detrás del terrible juramento que había hecho Valentine no había furia sino más bien dolor, pues en su rostro habían lágrimas.

Lágrimas de un corazón roto que se escondería totalmente detrás de la venganza.

A Valentine no le importaba tanto el fracaso del Levantamiento, no le importaba la Copa Mortal, su frío corazón había sido atravesado por el cuchillo ardiente de la traición de amor que había sufrido y la idea de perder a Jocelyn para siempre.
Pero su dolor lo aplacaría con una venganza terrible.


Capítulo II - Mundo desconocido

El bosque estaba plagado de Cazadores de Sombras de la Clave, persiguiendo a los renegados del Círculo. Al parecer se habían robado la Copa Mortal.
-Jocelyn ¿Tú sabes dónde está la Copa Mortal? ¿La tiene Valentine?- ocultos los dos veían pasar caballos y caballos que iban con jinetes a la caza, dispuestos a matar.
-Valentine quería la copa para hacer cosas horribles, Lucian ¿Cómo no me di cuenta antes? Ahora es demasiado tarde- ella apenas podía pensar. Había recuperado un poco de lucidez después del shock- Demasiado tarde y todo es culpa mía-
-¿Sabes dónde está la copa, Josie?- insistía él con un sudor frío recorriéndole la frente.
-No lo sé. Yo lo vi a él con ella y mezclaba su sangre con la de demonios. Valentine se volvió loco, Lucian, totalmente loco- Jocelyn temblaba incontrolablemente pensando que el hombre al que ella tanto amó había hecho lo que había hecho y se había vuelto ese demonio–Nos matará-
-No- Lucian la tomó por los brazos y de nuevo emprendieron el camino –Vamos, yo sé donde hay un portal. Debemos llegar a él-
-¡No escaparemos!- herida y agotada Jocelyn no tenía deseos de vivir más, pero Lucian la obligó.
Juntos tomaron el camino que iba a la Ciudad de Cristal otra vez.
-¿A dónde vamos??- al ver eso ella se negaba. A penas habían logrado escapar ella y Lucian con vida de la revuelta, volver allá era lo último que quería –¡Allá no podemos volver, Lucian!-
-Al portal, Jocelyn. Vamos, sé como llegar-
Jocelyn accedió, porque lo que menos quería en el mundo era volver a a saber de Cazadores de Sombras o de Idris. No quería volver a ser nefilim nunca más.
Nadie sabía qué había sido de Valentine y los demás, de Hodge, Maryse, Robert o Blackwell, pero por lo que se veía la Clave estaba en batalla contra ellos. Los ciudadanos de Alacante estaban aterrorizados y no prestaban atención a los dos fugitivos que se escurrían por una callejuela que iba al castillo de la Hechicera Hada. Largo camino y no sabían cómo tenían las energías para seguir corriendo y llegar hasta allí, pero lo hicieron.
Encontraron muerte allí, sólo cadáveres mutilados y calcinados. Las hadas estaban todas muertas.
Lucian arrastraba a Jocelyn con mucha más fuerza y energía, y de no haber sido por eso, ella hubiera perecido allí también.
Llegaron hasta una fuente que se levantaba en medio de la entrada al castillo, de aguas azules y amarillas.
Un escape al mundo Mundano no era lo ideal, pero era su única salvación.
Habían llegado milagrosamente y las aguas estaban allí enfrente…
Un rugido. Lucian y Jocelyn voltearon hacia la oscuridad de las calles con ojos muy abiertos…
Congelados no se atrevieron a moverse. El rugido sonó otra vez muy cerca de sus espaldas.
-¡Corre!- gritó ella apenas vio la silueta moverse en la noche: un monstruo enorme estaba allí, algo que parecía mitad licántropo mitad demonio, tal vez algún engendro que había creado el Círculo con la Copa Mortal–¡Corre!- ella fue la que hizo reaccionar a Lucian y ante el primer movimiento la bestia se lanzó contra ellos, que se arrojaron hacia la fuente.
Silencio y una bruma negra los envolvió, apretados de las manos sentían que los separaban pero Lucian no soltaba la mano de Jocelyn.
Ante sus ojos se presentaba ahora una autopista llena de luces de carros que transitaban a velocidad en ambas direcciones. Los dos recién llegados no soltaban sus manos, aturdidos se habían quedado parados al borde de aquel camino intimidante y peligroso.
Jocelyn giró la cabeza y miró hacia atrás con angustia, creyendo que el monstruo se venía sobre ellos con sus fauces abiertas… No había nada.
Solamente un viento frío y una ladera que se extendía hasta llegar a otra autopista.
Al fin reaccionan, Lucian apartándola a ella de la cercanía de la autopista y estudiando su alrededor, dice:
-Estamos aquí, llegamos…-
Una ciudad enorme e intimidante estaba al fondo, bastante cerca de ellos.
-Llegamos…- repitió él incrédulo -¿Está bien?- preocupado cerciora que ella no esté herida.
Jocelyn asiente con un gesto pero no quita los ojos de la ciudad.
-¿Qué haremos aquí?-
-No lo sé- fue lo que respondió.


domingo, 15 de diciembre de 2013

Capítulo I - Escape de Idris

Lucian huyó de la batalla en la Ciudad de Cristal porque Jocelyn ya no estaba allí y temió lo peor.

Jocelyn huyó primero, después de un encontronazo con Valentine le dijo que no quería verlo nunca más y se fue del Círculo, abandonandolo a él y sus compañeros en plena batalla.

Él ahora temía que eso acarreara que Valentine, en su estado de ira y de rebeldía, tomara venganza contra ella, así que debía ir por ella y evitar una desgracia mayor.

En forma de lobo, Lucian también se desentendió de sus compañeros, dejando a muchos a merced de la muerte, y fue hacia donde creía que iba Jocelyn: a la casa de sus padres donde estaba el pequeño Jonathan, apenas un bebé de meses de nacido.

El nacimiento de Jonathan fue lo que impulsó a Valentine a hacer estallar su Levantamiento, para tener un mundo libre de Subterráneos, demonios y demás aberraciones donde su hijo reinara. Valentine tomaría el poder de Idris y se levantaría como regente total, bajo un orden de pureza nefilim.

Pero Jocelyn no estaba de acuerdo con esas ideas, ni tampoco Lucian, porque esas ideas del jefe del Círculo significaban un exterminio masivo de seres inocentes.

-LUCIAN-

El lobo se detuvo pues una voz lo llamaba. Enseguida descubrió a Jocelyn oculta tras unos árboles en plena noche.

-¡Jocelyn ¿Estás bien??- el lobo hablaba con dificultad pero hablaba.

-Ven, Lucian- ella salió de su escondite, cargando su estela y cuchillo serafín que destilaba sangre muy firmemente apretados en sus manos.

Ella le pidió que la acompañara y ambos continuaron el camino hacia la casa que no estaba lejos.

-Lucian ¡Ayúdame!- iba diciendo –¡Voy a dejar a Valentine! ¡Y él ya lo sabe!!-

Asustado él la apoyaría en todo, de hecho, estaba algo aliviado por eso.

-Voy a llevarme a Jonathan, ayúdame. ¡Debemos escapar todos rápidamente!-

Acción peligrosa, Jocelyn abandonaría a Valentine llevándose a Jonathan, porque no quería que su bebé estuviera en manos de un hombre cruel con ideas tan erróneas. Ella no quería más estar con Valentine.

En medio de la oscuridad un resplandor rojizo y un olor a humo los alarmaron a los dos, pues eran los presagios de un espectáculo horroroso.

El hombre lobo ya era humano otra vez y con su mano sucia y sudada detiene por el brazo a la desesperada mujer:

-¡Cuidado Jocelyn!!-

Llegaron demasiado tarde, allá estaba la casa de los padres de Jocelyn sumergida en un humo terrible y los restos del fuego aún iluminaban el bosque.

Fue inútil detenerla, ella se zafó de sus manos y corrió hacia la casa entre gritos. Detrás de ella iba Lucian vigilando que nadie más estuviera cerca.

No tenían mucho tiempo, la gente de La Clave llegaría allí tarde o temprano.

-¡JONATHAN!!!- oyó el grito desgarrado de la mujer y Lucian sintió que se le congelaba el corazón. Entró a  la casa y no vio allí más que destrucción, y el pálido espíritu de la muerte presente en todas partes.

La encontró a ella tirada en el piso y dos cuerpos quemados estaban allí. Pero él se equivocó al pensar que Jocelyn gritaba sólo por ver los cuerpos de sus padres muertos… había algo peor que ver.

Cuando se acercó a ella para consolarla, Jocelyn cargaba algo entre sus brazos y lo que vio lo hizo querer vomitar del horror…
Ella aferraba enfermizamente los despojos de un pequeño bebé muerto y quemado, y un momento de locura se adueñó de los dos.

Los ruidos de la batalla llegaban hasta la casa, Lucian salió del shock al fin pues no tenían mucho tiempo. Jonathan estaba muerto, y ya no había nada que hacer. Todos estaban muertos.

-Valentine los mató a todos, lo mató, a mi bebé, ese monstruo lo mató… ¿Cómo pudo?- repetía Jocelyn fuera de sí, con el rostro negro de las cenizas y el sucio y los ojos desorbitados. Solamente Lucian tenía voluntad para hacer algo.

-Vámonos, Jocelyn, no tenemos tiempo-

-¡NO! ¡Déjame morir aquí. No me queda más nada!- rugió con furia y no soltaba el cadáver del bebé.
Lucian tuvo que usar su fuerza para sacar a Jocelyn de allí, ella no razonaba.


-Tienes mucho por vivir, no dejaré que te maten a ti también- insistía él.

-¡Lo mataré, lo juro!-

A la fuerza logra sacarla de la casa en ruinas, y escaparon por parajes del bosque que sólo el hombre lobo conocía y era experto en usar. Aferrando a Jocelyn con fuerza entre sus brazos se la llevó lejos.

Ella estaba en un fuerte shock y no reaccionaba de ninguna manera.

Todo estaba perdido allí para ellos dos.

Tal vez el único lugar a donde podían salvarse era el mundo de los humanos, huir de Idris, donde ya de por sí ellos estaban desterrados por haber pertenecido al Círculo traidor.

Al mundo humano irían, Jocelyn y Lucian estaban solos.
Y serían perseguidos implacablemente si Valentine lograba sobrevivir y escapar de La Clave.