El policía reacciona y trata de pararse con dificultad del suelo, sucio y pantanoso. Tenía todo su uniforme manchado de sangre, y sentía su hombro derecho y cuello entumecido y ardiente. El arma seguía guardada en la pistolera pues nunca llegó a sacarla. Pero ahora su preocupación era otra: Tenía una herida en alguna parte del hombro, y aunque no pudiera vérsela sabía que era profunda y grande.
¿Cómo pudo aquel hombre demoníaco hacerle semejante herida? Se preguntaba el mundano. No tenía idea, pero se estremeció de pies a cabeza pues lo que le había sucedido esa noche era algo totalmente sobrenatural, y ahora se encontraba allí solo, sin patrulla y desangrándose.
No tenía modo alguno de llamar a nadie, todo se había quedado dentro de la patrulla.
El hombre estaba muy débil como para intentar detener algún vehículo de la autopista, pero tal vez no tendría que hacer eso: Por el mismo lugar por donde vio llegar al hombre que lo atacó venía alguien más, de hecho era un grupo de gente y venían todos caminando hacia él.
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-¿Dónde estamos?- Valentine no reconoció el lugar a donde habían llegado. Era intimidante, una enorme autopista llena de carros que pasaban a gran velocidad era todo lo que veía.
-En Nueva York. Aquí llegaron ellos- le explicó Blackwell, y Valentine observa con curiosidad la enorme ciudad iluminada que tenían enfrente de ellos.
-¡Miren, allá hay alguien!- Hodge que estaba más adelante, había encontrado algo en la vía.
Después de cruzar el portal, los sobrevivientes del Círculo llegaban a Nueva York por el mismo sitio por donde Jocelyn y Lucian lo habían hecho.
Iban todos vestidos con sus negras armaduras, sucias de la batalla, y peligrosas armas. Así los vio el policía apenas el farol de la autopista los ilumina con su luz de neón, un grupo de rockeros vestidos de negro caminando por el borde de la autopista, y uno de ellos cargaba un bebé en sus brazos.
-Rayos ¿Y ahora quiénes son ustedes?- resopló el hombre que estaba sentado en el borde de la autopista, se había quitado la chaqueta para ponérsela sobre el cuello y así detener el sangrado que tenía.
Valentine con sus fríos ojos azules observa que el mundano estaba herido, y que la herida que el policía tenía en el hombro y parte del cuello claramente eran profundas cortadas causadas por el zarpazo de una mano armada de garras.
-Lucian estuvo aquí- le dijo a sus secuaces con su siniestra voz. Cargaba con celo al bebé en sus brazos y no tenía intenciones de soltarlo por nada.
El Círculo rodea al hombre herido, formando como un muro “humano” alrededor de él. Los automóviles que transitaban por allí tenían la vista bloqueada por ellos.
El policía definitivamente estaba aterrado puesto que aquellos extraños hombres llevaban consigo largas y brillantes espadas. Intentó sacar su arma, pero, ante un gesto de Valentine, Hodge y Pangborn el policía es detenido. Los dos hombres sujetaron al policía con fuerza, haciendo que le fuera imposible moverse.
-Dime algo, mundano- le habló Valentine -¿Acaso viste por aquí a un hombre y una mujer llegar por donde nosotros mismos llegamos?-
-Tal vez- hablaba el prisionero con mucha dificultad, pues Hodge y Pangborn le cortaban la respiración y además le dolía mucho la herida. Lo habían obligado a arrodillarse frente a Valentine.
-¿Por dónde se fueron? Dime- le pregunta éste.
-Se llevaron mi patrulla, es todo lo que sé. No pude ver más, pues si no han notado, ese hombre me hirió- protestaba el prisionero, forcejeando contra sus captores.
Valentine suelta un bufido con fastidio, voltea hacia Maryse que estaba detrás de él y le dice:
-Mátalo, quiero su cabeza-
Maryse titubea. El hombre era sólo un mundano, y un mundano ante Valentine era como un subterráneo. Solamente un insecto al cual aplastar con el pie.
-¿Por qué tengo que hacerlo yo?- preguntó molesta. Ante esa reacción Valentine le clava los ojos con un brillo asesino.
-Eres del Círculo ¿No es así Maryse?- rasguñaba las palabras –Si no eres capaz, si no haces lo que yo te digo, no debes estar aquí entonces. No eres del Círculo, por lo tanto nuestra enemiga-
Después de intercambiar una mirada con su esposo, ella saca su espada serafin de brillante filo plateado y con un ligero movimiento, rápido y fuerte, decapita al policía que estaba sujeto por Hodge y Pangborn.
Valentine sonríe satisfecho mientras que con una mano sostiene la cabeza que le ofrecía Maryse, pero el bebé empieza a llorar desesperadamente en sus brazos.
-Debemos ir al Instituto antes de que ellos lleguen, si es que van para allá- Robert habló, a propósito del hecho de que la Clave tenía uno de sus Institutos ubicado allí en Nueva York.
-Ninguno de nosotros puede ir allí. Esos traidores no irán para allá- siseó Valentine. Con desprecio observa la cabeza del policía por un rato, luego decide arrojarla a la autopista –Sin embargo…- pensó.
El Círculo comenzó a caminar, lejos de la visión de los automóviles y del cadáver. El bebé lloraba inquieto, pero con todo el ruido de la ciudad, apenas se oía su llanto.
-No puedo permitir que crezca como un exiliado ¡Eso no lo voy a permitir! Él debe crecer en el Instituto- Valentine trataba de calmar a Jonathan, pero muy adentro de él decía “necesita a su madre” –Pero yo no podré estar con él…-
Los demás hicieron silencio, después de la frialdad que había en su rostro ahora se cruzaba una sombra de tristeza.
-Ustedes dos pueden salvarse, junto con su pequeño hijo. Pero yo no- les decía a Robert y Maryse.
-La Clave lo tiene, a mi Alec- a Maryse se le quebró la voz. Los Lightwood había dejado a su hijo con poco tiempo de nacido en lugar seguro en Idris cuando estalló el Levantamiento.
-Así es, ustedes deben rendirse ante ellos. Entonces podrán recuperar a Alexander y tener su familia aquí en el Instituto- había que hacer planes, habrían cambios para todos -Yo lo perdí todo- murmuraba ahora el jefe del Círculo con dolor en su voz y en sus ojos, distrayendo su mirada hacia la ciudad de Nueva York –Perdí a mi familia, me traicionaron. Tenía preparado un futuro de gloria para todos nosotros, pero Jocelyn me dio la espalda. Ahora no puedo hacer mucho-
-Pero… Valentine ¿Qué…?- El Círculo preguntaba.
-Tampoco puedo estar con mi hijo porque no puedo pretender que sea un perseguido como yo. Quiero que crezca a salvo, y eso sólo lo puedo lograr teniéndolo en el Instituto, junto con otros niños. Nadie sabrá quién es él-
Era una decisión muy difícil.
-Necesito que ustedes se entreguen a La Clave y logren que los perdonen, que los asignen al Instituto. De nada me sirve que sean unos prófugos igual, y ustedes no quieren eso, perder a Alexander… -meditó sus palabras que no le eran fáciles- Así podrán cuidar de Jonathan. Será como su hijo adoptivo-
Todos estaban sorprendidos ante la fortaleza de Valentine, que aunque fuera el Nefilim más cruel que haya existido, lo que más le importaba en la vida era Jonathan (y Jocelyn también)
-Lo haremos- dijo Robert.
-Mi hijo no sabrá quién es su madre, y no puede saber que yo soy su padre al menos mientras considere que sea peligroso. Los Morgenstern estamos condenados, por eso no será un Morgenstern, al menos no por un tiempo-
-Eres fuerte- le dijo Maryse -¿Qué piensas hacer tú?-
-Pero no crean que estoy dispuesto a rendirme así. Jocelyn está confundida, por culpa de Lucian. Yo los buscaré así me tome años, y recuperaré a mi familia, a Jocelyn y a Jonathan así sea dentro de 20 años. Tenemos tiempo-
Tal vez Valentine divagaba pero en ese momento tan duro estaba dispuesto a cumplir con su venganza. Miró al bebé al que entregaría a los Lightwood.
-Estaré con él, tal vez no como su padre, pero no lo dejaré-
Hodge, Robert y Maryse estaban perturbados por aquellas declaraciones.
-Por ahora tengo que decirle adiós a mi hijo. Nos tenemos que separar-
Tal vez Valentine divagaba pero en ese momento tan duro estaba dispuesto a cumplir con su venganza. Miró al bebé al que entregaría a los Lightwood.






