El bosque estaba plagado de Cazadores de Sombras de la Clave, persiguiendo a los renegados del Círculo. Al parecer se habían robado la Copa Mortal.
-Jocelyn ¿Tú sabes dónde está la Copa Mortal? ¿La tiene Valentine?- ocultos los dos veían pasar caballos y caballos que iban con jinetes a la caza, dispuestos a matar.
-Valentine quería la copa para hacer cosas horribles, Lucian ¿Cómo no me di cuenta antes? Ahora es demasiado tarde- ella apenas podía pensar. Había recuperado un poco de lucidez después del shock- Demasiado tarde y todo es culpa mía-
-¿Sabes dónde está la copa, Josie?- insistía él con un sudor frío recorriéndole la frente.
-No lo sé. Yo lo vi a él con ella y mezclaba su sangre con la de demonios. Valentine se volvió loco, Lucian, totalmente loco- Jocelyn temblaba incontrolablemente pensando que el hombre al que ella tanto amó había hecho lo que había hecho y se había vuelto ese demonio–Nos matará-
-No- Lucian la tomó por los brazos y de nuevo emprendieron el camino –Vamos, yo sé donde hay un portal. Debemos llegar a él-
-¡No escaparemos!- herida y agotada Jocelyn no tenía deseos de vivir más, pero Lucian la obligó.
Juntos tomaron el camino que iba a la Ciudad de Cristal otra vez.
-¿A dónde vamos??- al ver eso ella se negaba. A penas habían logrado escapar ella y Lucian con vida de la revuelta, volver allá era lo último que quería –¡Allá no podemos volver, Lucian!-
-Al portal, Jocelyn. Vamos, sé como llegar-
Jocelyn accedió, porque lo que menos quería en el mundo era volver a a saber de Cazadores de Sombras o de Idris. No quería volver a ser nefilim nunca más.
Nadie sabía qué había sido de Valentine y los demás, de Hodge, Maryse, Robert o Blackwell, pero por lo que se veía la Clave estaba en batalla contra ellos. Los ciudadanos de Alacante estaban aterrorizados y no prestaban atención a los dos fugitivos que se escurrían por una callejuela que iba al castillo de la Hechicera Hada. Largo camino y no sabían cómo tenían las energías para seguir corriendo y llegar hasta allí, pero lo hicieron.
Encontraron muerte allí, sólo cadáveres mutilados y calcinados. Las hadas estaban todas muertas.
Lucian arrastraba a Jocelyn con mucha más fuerza y energía, y de no haber sido por eso, ella hubiera perecido allí también.
Llegaron hasta una fuente que se levantaba en medio de la entrada al castillo, de aguas azules y amarillas.
Un escape al mundo Mundano no era lo ideal, pero era su única salvación.
Habían llegado milagrosamente y las aguas estaban allí enfrente…
Un rugido. Lucian y Jocelyn voltearon hacia la oscuridad de las calles con ojos muy abiertos…
Congelados no se atrevieron a moverse. El rugido sonó otra vez muy cerca de sus espaldas.
-¡Corre!- gritó ella apenas vio la silueta moverse en la noche: un monstruo enorme estaba allí, algo que parecía mitad licántropo mitad demonio, tal vez algún engendro que había creado el Círculo con la Copa Mortal–¡Corre!- ella fue la que hizo reaccionar a Lucian y ante el primer movimiento la bestia se lanzó contra ellos, que se arrojaron hacia la fuente.
Silencio y una bruma negra los envolvió, apretados de las manos sentían que los separaban pero Lucian no soltaba la mano de Jocelyn.
Ante sus ojos se presentaba ahora una autopista llena de luces de carros que transitaban a velocidad en ambas direcciones. Los dos recién llegados no soltaban sus manos, aturdidos se habían quedado parados al borde de aquel camino intimidante y peligroso.
Jocelyn giró la cabeza y miró hacia atrás con angustia, creyendo que el monstruo se venía sobre ellos con sus fauces abiertas… No había nada.
Solamente un viento frío y una ladera que se extendía hasta llegar a otra autopista.
Al fin reaccionan, Lucian apartándola a ella de la cercanía de la autopista y estudiando su alrededor, dice:
-Estamos aquí, llegamos…-
Una ciudad enorme e intimidante estaba al fondo, bastante cerca de ellos.
-Llegamos…- repitió él incrédulo -¿Está bien?- preocupado cerciora que ella no esté herida.
Jocelyn asiente con un gesto pero no quita los ojos de la ciudad.
-¿Qué haremos aquí?-
-No lo sé- fue lo que respondió.


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