Robert, Maryse y Hodge permanecían parados bajo el arco de la entrada observando al hombre vestido de negro con ansiedad… e inquietud.
Llovía intensamente afuera y las gotas de lluvia chocaban ruidosamente contra los cristales de la catedral.
Era grande la diferencia en él, cuando estaba con el bebé. Todos parecían ver a un hombre distinto en ese momento.
Valentine llevaba su uniforme de Cazador de Sombras, pero su aspecto difería al que solía tener en Idris. Estaba más delgado y ya no era tan imponente físicamente. Estaba cambiando en cortos períodos de tiempo. Ya no era tan pulcro, tan elegante a como era, y se estaba dejando crecer largos mechones de cabello de una manera extraña.
La sangre de demonio obraba en él, y cada día se alejaba de su humanidad; y sus experimentos con la magia negra también estaban dejando rastros físicos en toda su persona.
Pero cuando estaba con su hijo parecía el mismo en sus gestos, muy humano y con algo de sensibilidad.
Aunque la sensibilidad era muy a su manera. De nunca haber ocurrido el Levantamiento, y de nunca haberlo abandonado Jocelyn, sabían que a Jonathan le esperaba una educación rígida y fuerte por parte de su padre, y de su madre también.
Porque ella era igual. O lo fue.
Ahora estaban en su búsqueda, y Los Lightwood le habían dicho a La Clave que Jocelyn se había suicidado y que Lucian probablemente también estaba muerto. No era verdad, El Círculo los estaba cazando, y La Inquisidora no era tonta.
Ella sabría la verdad de un momento a otro.
Pero eso no importaba ahora. En realidad se preguntaban qué tanto podía llegar a cambiar Jocelyn Morgenstern.
-Nunca más deben llamarlo por su nombre- dijo al fin en claro tono de advertencia a la gente que estaba ahí en el cuarto con él.
-Se llama Jace Lightwood, como lo reconocimos ante la Inquisidora- Hodge daba parte de todo el plan que se seguía fielmente –Hijo adoptivo de Maryse y Robert-
-Bien- Valentine sonó profundamente triste ante eso. Pero luego recuperó el temple y alzaba al niño como si lo sopesara y lo examinara cual médico.
Luego lo volvió a cargar contra su pecho, pero había una mirada severa e intimidante en sus ojos. Jamás sería un padre, sino un dictador, y ahora no tenía a la única persona que lo controlaba un poco. Valentine era una fuerza descontrolada ahora, incluso contra sí mismo.
-Todavía está muy pequeño- dijo Maryse con aire maternal. Robert la abrazó preocupado, pues la presencia de Valentine lo ponía muy nervioso. Robert en realidad se preocupaba mucho más por la
seguridad de su esposa y su hijo Alec, pero era fiel seguidor del Círculo, así que a pesar de sus recelos, cuidaría a Jace con todo su empeño.
La habitación estaba oscura, y ellos seguían sin intervenir mucho. Estaban expuestos, con todo y lo que hacían, nada garantizaba su seguridad, y nada les aseguraba que La Clave jamás se enteraría de la traición, de lo que ocurría secretamente tras los muros del Instituto, propiciado por los mismos directores nefilim.
El ambiente siempre sería tenso y angustioso.
Y Valentine no quería irse, no quería soltar al niño y dejárselo a los Lightwood. Le pesaba su destierro, y su misión. Sentía demasiado dolor por las traiciones, y todavía ardía en él el deseo de seguir con su familia.
Había algo raro pululando en su interior. Por un momento Valentine se miró al espejo en penumbras y él mismo vio su cambio. Y se odiaba, ésa era la verdad, no le importaba nada porque se odiaba. Un nefilim por cuyas venas corría también sangre de demonio por su propia voluntad, y eso siempre fue porque una parte de él siempre se odió.
Y continuaría así, no le importaba ser un monstruo, ni siquiera por su hijo.
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Un tiempo después vuelve a aparecerse Valentine Morgenstern en el Instituto ¡Qué traición tan grande se estaba gestando en las entrañas de aquel lugar. Un instituto, era como estar dentro de la misma Clave!
Ahí se aparecía, siempre como una sombra indeseada, como un peligro. Y siendo tan pequeño, Jace también lo esperaba. Ya estaba gateando con muchas energías, y crecía sano y fuerte. Y lo primero que le enseñaba su padre era a llamarlo "Maestro".
Era un tutor, y el adiestramiento comenzaría mucho antes de lo que podría hacerse con un pequeño. Y lo adoraría, sería su Maestro y su única figura paterna. Jace era su esperanza, su arma, y el crimen dentro del corazón de La Clave.
Su tesoro con que lograría recuperar la vida que perdió en Idris.
Asombrosamente, Valentine logró que el niño empezara a hablar y a caminar antes de lo que esperaban. Ante aquello, Maryse no podía hacer nada, aunque ella se preocupara mucho por el crecimiento que tendría aquel bebé en manos de ese "maestro".
Y el tiempo pasaba horriblemente rápido.
Lo
que sería de él en el futuro, nada podían hacer. Todas las noches Robert
le daba fuerzas a su esposa que aún sentía algo por Jocelyn, y sabía
que no estaba muerta y que sufría. Pero no debía encariñarse demasiado
con Jace. No podían los Lightwood interferir en su vida, ni en los
planes del Círculo.Eran otras las cosas que los Lightwood debían enfrentar, y era mantener su muy bien formada mascarada.
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-¿En Salem?- Luke escuchó la historia de Jocelyn con atención, después de que ella saliera ilesa de la fiesta de Magnus Bane. Y apresurados iban a refugiarse donde la manada de Alaric.
-Sí, hay un lugar allí donde Magnus nos va a prestar ayudar, a través de un amigo. Un tal Ragnor Fell-
-Otro brujo- gruñó él.
-Sí- torció el gesto ella, notando rastros del Lucian del Círculo todavía en su ser.
Jocelyn se inquietaba ahora por las miradas de Luke. Tal vez sólo eran ideas de ella. Tal vez no, y lo que había mantenido la falsa idea de amistad entre los dos era una barrera mental creada por los diversos factores que antes influían en la vida de Jocelyn. Pero el deseo estaba presente en sus grandes ojos pardos, ahora mucho más que antes.
Y cada día que él aprendía a vivir con el lobo, ese deseo estaba más latente.
Ya no podía ser más como antes. En ella tampoco, por eso no debían estar solos. La idea de volver con Alaric esa noche era de mucha ayuda. Ya no estaba segura de poder mantener la distancia.
Soy Jocelyn Morgenstern gritaba la vocecilla en su mente. Y qué tormento, su cuerpo era una cosa y su mente otra. Y su corazón… algo totalmente aparte.
¿Qué te pasa Luke? ¿Por qué no eres el mismo de antes?" De vez en cuando le decía ella con los ojos. No hacían falta ella el haberlo visto aquella noche en el Central Park no había obrado ningún cambio aparente en ella. Pero obviamente que en él sí.
Y Luke sabía lo que era eso. Jocelyn no se imaginaba que él guardaba un secreto que llevaba dentro de sí desde antes de que se convirtiera en hombre lobo.
-Vámonos a donde habita la manada de Alaric- le dijo secamente ella, y tomando el control de todo, para que dejarla de mirarla con esos ojos- Y mañana mismo partiremos a Salem-
Siguieron caminando hacia los suburbios, lejos de Manhattan y de donde estuvieron la otra vez, cuando recién habían llegado de Idris.
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Pero Luke no pudo evitar viajar al pasado, mientras observaba a Jocelyn marchar como si nada le preocupara.
La verdad era que hubo muchas más cosas antes de su encuentro en el baño la otra noche. No era la primera vez que él husmeaba. Jocelyn no tenía idea de que una vez la había visto en verdad, despojada de toda su ropa, hermosa y apasionada como nunca.
Fue una noche ardiente en que reunidos celebraban un conciliábulo oculto en medio del bosque, lejos de Alacante. Todos estaban allí, él, Jocelyn, los Lightwood, los Herondale, los Starkwheather, Blackwell, Pangborn y, por supuesto, Valentine.
Luke en ese momento podía sentirse tal como en aquella noche, y era fabuloso.
Escuchaban a Valentine ya haciendo sus planes y se sentían los amos del mundo. Y Jocelyn, ella brillaba como con luz propia, orgullosa y enamorada (Pero no de él) Fiel a su esposo, y feliz, aunque ahora lo negara. Lo escuchaba como todos los demás, y era gran parte de él.
Entonces, brillaba la luna llena enorme y solitaria en un cielo profundamente negro, cuando el Círculo ya daba por terminada la reunión, y los fuegos de magia negra se apagaban. Valentine no dijo más nada, simplemente se giró hacia su Jocelyn y la tomó de la mano.
A Lucian le dio un vuelco el corazón. Celos, alegría por ella, todo eso sentía. Y siempre era así, siempre que su parabait se la llevaba. Estaba tan feliz, y lo amaba tanto que él no podía odiar a Valentine. Él hacía feliz a su amiga, y Lucian debía estarlo también.
Pero ¿Qué hizo en ese momento? ¿Esa vez, a diferencia de las aneriores? Lucian los siguió, Valentine se llevó a Jocelyn del círculo de reunión y él los siguió, a lo profundo del bosque.
No sabía qué hacía, ni a dónde iba. Seguía sus tontos instintos y sus celos.
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Su mirada se perdió por completo mientras caminaba por las sucias aceras de la ciudad detrás de Jocelyn, ambos con chaquetas y capuchas cubriéndoles el rostro. Los mundanos pasaban a su alrededor como sombras aparte, como si no existieran.
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Cuando Lucian llegó a un claro del bosque al lado de donde caía la cristalina cascada que llegaba al Lago Lyn, los descubrió para su sorpresa, todas sus ropas estaban tiradas por donde Lucian pasaba y más adelante la luz de la luna brillaba sobre la piel blanca y desnuda de su Jocelyn, tendida sobre la hierba mientras que Valentine estaba sobre ella y la hacía suya. Y el corazón se le desbocó, y sintió mucho miedo de que lo descubrieran.
Si Valentine se daba cuenta, lo mataría.
Pero cruelmente no podía marcharse, se escondió detrás de los matorrales, lejos, pero demasiado cerca a la vez como para poder verla y desear con locura estar en el lugar de su parabatai.
Eso era ahora Lucian Graymark, un mirón, un espía invadiendo la privacidad más íntima. Pero ella era demasiado hermosa, él siempre supo que era hermosa, incluso cuando era desarreglada y poco femenina, antes de que ese Morgenstern llegara y pusiera sus ojos sobre ella. Pero por tonto la perdió y allí estaba con otro.
Con ojos que parecían poder más en la oscuridad que antes, observaba cuánto había perdido a la mujer que amaba.
No podía seguir allí, y arriesgándose a que se dieran cuenta se su presencia. Se obligó a marcharse. Y desde entonces no podía esperarse que Lucian pudiera interesarse por otra mujer ¿Cómo podía?
No podría, tan simple como eso.
Así que finalmente arrancó sus ojos de la íntima escena y se fue en contra de su voluntad, y se perdió por lugares peligrosos, con esos que sentía, y eso que había hecho pensándole más que nunca, y Los Morgenstern jamás entendieron qué hacía Lucian en bosques tan peligrosos cuando fue mordido…
Ahora en el presente Nueva York le era insípida y aburrida. Había perdido tal vez a su amada una vez, pero ahora no, ahora no la perdería.
Los ojos de Luke brillaron como focos de luz, y el que lo hubiera visto en ese momento, hubiera pensado que una bestia estaba a punto de atacar.

















