jueves, 9 de octubre de 2014

Capítulo XXI - El Maestro

-Jace-
Robert, Maryse y Hodge permanecían parados bajo el arco de la entrada observando al hombre vestido de negro con ansiedad… e inquietud.
Llovía intensamente afuera y las gotas de lluvia chocaban ruidosamente contra los cristales de la catedral.
Era grande la diferencia en él, cuando estaba con el bebé. Todos parecían ver a un hombre distinto en ese momento.


Valentine llevaba su uniforme de Cazador de Sombras, pero su aspecto difería al que solía tener en Idris. Estaba más delgado y ya no era tan imponente físicamente. Estaba cambiando en cortos períodos de tiempo. Ya no era tan pulcro, tan elegante a como era, y se estaba dejando crecer largos mechones de cabello de una manera extraña.
La sangre de demonio obraba en él, y cada día se alejaba de su humanidad; y sus experimentos con la magia negra también estaban dejando rastros físicos en toda su persona.
Pero cuando estaba con su hijo parecía el mismo en sus gestos, muy humano y con algo de sensibilidad.
Aunque la sensibilidad era muy a su manera. De nunca haber ocurrido el Levantamiento, y de nunca haberlo abandonado Jocelyn, sabían que a Jonathan le esperaba una educación rígida y fuerte por parte de su padre, y de su madre también.
Porque ella era igual. O lo fue.
Ahora estaban en su búsqueda, y Los Lightwood le habían dicho a La Clave que Jocelyn se había suicidado y que Lucian probablemente también estaba muerto. No era verdad, El Círculo los estaba cazando, y La Inquisidora no era tonta.
Ella sabría la verdad de un momento a otro.
Pero eso no importaba ahora. En realidad se preguntaban qué tanto podía llegar a cambiar Jocelyn Morgenstern.
-Nunca más deben llamarlo por su nombre- dijo al fin en claro tono de advertencia a la gente que estaba ahí en el cuarto con él.
-Se llama Jace Lightwood, como lo reconocimos ante la Inquisidora- Hodge daba parte de todo el plan que se seguía fielmente –Hijo adoptivo de Maryse y Robert-
-Bien- Valentine sonó profundamente triste ante eso. Pero luego recuperó el temple y alzaba al niño como si lo sopesara y lo examinara cual médico.
Luego lo volvió a cargar contra su pecho, pero había una mirada severa e intimidante en sus ojos. Jamás sería un padre, sino un dictador, y ahora no tenía a la única persona que lo controlaba un poco. Valentine era una fuerza descontrolada ahora, incluso contra sí mismo.
-Todavía está muy pequeño- dijo Maryse con aire maternal. Robert la abrazó preocupado, pues la presencia de Valentine lo ponía muy nervioso. Robert en realidad se preocupaba mucho más por la
seguridad de su esposa y su hijo Alec, pero era fiel seguidor del Círculo, así que a pesar de sus recelos, cuidaría a Jace con todo su empeño.
La habitación estaba oscura, y ellos seguían sin intervenir mucho. Estaban expuestos, con todo y lo que hacían, nada garantizaba su seguridad, y nada les aseguraba que La Clave jamás se enteraría de la traición, de lo que ocurría secretamente tras los muros del Instituto, propiciado por los mismos directores nefilim.
El ambiente siempre sería tenso y angustioso.
Y Valentine no quería irse, no quería soltar al niño y dejárselo a los Lightwood. Le pesaba su destierro, y su misión. Sentía demasiado dolor por las traiciones, y todavía ardía en él el deseo de seguir con su familia.
Había algo raro pululando en su interior. Por un momento Valentine se miró al espejo en penumbras y él mismo vio su cambio. Y se odiaba, ésa era la verdad, no le importaba nada porque se odiaba. Un nefilim por cuyas venas corría también sangre de demonio por su propia voluntad, y eso siempre fue porque una parte de él siempre se odió.
Y continuaría así, no le importaba ser un monstruo, ni siquiera por su hijo.


 ---*---*---*---

Un tiempo después vuelve a aparecerse Valentine Morgenstern en el Instituto ¡Qué traición tan grande se estaba gestando en las entrañas de aquel lugar. Un instituto, era como estar dentro de la misma Clave!
Ahí se aparecía, siempre como una sombra indeseada, como un peligro. Y siendo tan pequeño, Jace también lo esperaba. Ya estaba gateando con muchas energías, y crecía sano y fuerte. Y lo primero que le enseñaba su padre era a llamarlo "Maestro".
Era un tutor, y el adiestramiento comenzaría mucho antes de lo que podría hacerse con un pequeño. Y lo adoraría, sería su Maestro y su única figura paterna. Jace era su esperanza, su arma, y el crimen dentro del corazón de La Clave.
Su tesoro con que lograría recuperar la vida que perdió en Idris.
Asombrosamente, Valentine logró que el niño empezara a hablar y a caminar antes de lo que esperaban. Ante aquello, Maryse no podía hacer nada, aunque ella se preocupara mucho por el crecimiento que tendría aquel bebé en manos de ese "maestro".
Y el tiempo pasaba horriblemente rápido.
Lo que sería de él en el futuro, nada podían hacer. Todas las noches Robert le daba fuerzas a su esposa que aún sentía algo por Jocelyn, y sabía que no estaba muerta y que sufría. Pero no debía encariñarse demasiado con Jace. No podían los Lightwood interferir en su vida, ni en los planes del Círculo.
Eran otras las cosas que los Lightwood debían enfrentar, y era mantener su muy bien formada mascarada.

---*---*---*---

-¿En Salem?- Luke escuchó la historia de Jocelyn con atención, después de que ella saliera ilesa de la fiesta de Magnus Bane. Y apresurados iban a refugiarse donde la manada de Alaric.
-Sí, hay un lugar allí donde Magnus nos va a prestar ayudar, a través de un amigo. Un tal Ragnor Fell-
-Otro brujo- gruñó él.
-Sí- torció el gesto ella, notando rastros del Lucian del Círculo todavía en su ser.
Jocelyn se inquietaba ahora por las miradas de Luke. Tal vez sólo eran ideas de ella. Tal vez no, y lo que había mantenido la falsa idea de amistad entre los dos era una barrera mental creada por los diversos factores que antes influían en la vida de Jocelyn. Pero el deseo estaba presente en sus grandes ojos pardos, ahora mucho más que antes.
Y cada día que él aprendía a vivir con el lobo, ese deseo estaba más latente.
Ya no podía ser más como antes. En ella tampoco, por eso no debían estar solos. La idea de volver con Alaric esa noche era de mucha ayuda. Ya no estaba segura de poder mantener la distancia.
Soy Jocelyn Morgenstern gritaba la vocecilla en su mente. Y qué tormento, su cuerpo era una cosa y su mente otra. Y su corazón… algo totalmente aparte.
¿Qué te pasa Luke? ¿Por qué no eres el mismo de antes?" De vez en cuando le decía ella con los ojos. No hacían falta ella el haberlo visto aquella noche en el Central Park no había obrado ningún cambio aparente en ella. Pero obviamente que en él sí.


Y Luke sabía lo que era eso. Jocelyn no se imaginaba que él guardaba un secreto que llevaba dentro de sí desde antes de que se convirtiera en hombre lobo.
-Vámonos a donde habita la manada de Alaric- le dijo secamente ella, y tomando el control de todo, para que dejarla de mirarla con esos ojos- Y mañana mismo partiremos a Salem-
Siguieron caminando hacia los suburbios, lejos de Manhattan y de donde estuvieron la otra vez, cuando recién habían llegado de Idris.

---*---*---*---

Pero Luke no pudo evitar viajar al pasado, mientras observaba a Jocelyn marchar como si nada le preocupara.
La verdad era que hubo muchas más cosas antes de su encuentro en el baño la otra noche. No era la primera vez que él husmeaba. Jocelyn no tenía idea de que una vez la había visto en verdad, despojada de toda su ropa, hermosa y apasionada como nunca.
Fue una noche ardiente en que reunidos celebraban un conciliábulo oculto en medio del bosque, lejos de Alacante. Todos estaban allí, él, Jocelyn, los Lightwood, los Herondale, los Starkwheather, Blackwell, Pangborn y, por supuesto, Valentine.
Luke en ese momento podía sentirse tal como en aquella noche, y era fabuloso.
Escuchaban a Valentine ya haciendo sus planes y se sentían los amos del mundo. Y Jocelyn, ella brillaba como con luz propia, orgullosa y enamorada (Pero no de él) Fiel a su esposo, y feliz, aunque ahora lo negara. Lo escuchaba como todos los demás, y era gran parte de él.
Entonces, brillaba la luna llena enorme y solitaria en un cielo profundamente negro, cuando el Círculo ya daba por terminada la reunión, y los fuegos de magia negra se apagaban. Valentine no dijo más nada, simplemente se giró hacia su Jocelyn y la tomó de la mano.
A Lucian le dio un vuelco el corazón. Celos, alegría por ella, todo eso sentía. Y siempre era así, siempre que su parabait se la llevaba. Estaba tan feliz, y lo amaba tanto que él no podía odiar a Valentine. Él hacía feliz a su amiga, y Lucian debía estarlo también.
Pero ¿Qué hizo en ese momento? ¿Esa vez, a diferencia de las aneriores? Lucian los siguió, Valentine se llevó a Jocelyn del círculo de reunión y él los siguió, a lo profundo del bosque.
No sabía qué hacía, ni a dónde iba. Seguía sus tontos instintos y sus celos.



---*---*---*---

Su mirada se perdió por completo mientras caminaba por las sucias aceras de la ciudad detrás de Jocelyn, ambos con chaquetas y capuchas cubriéndoles el rostro. Los mundanos pasaban a su alrededor como sombras aparte, como si no existieran.

---*---*---*---

Cuando Lucian llegó a un claro del bosque al lado de donde caía la cristalina cascada que llegaba al Lago Lyn, los descubrió para su sorpresa, todas sus ropas estaban tiradas por donde Lucian pasaba y más adelante la luz de la luna brillaba sobre la piel blanca y desnuda de su Jocelyn, tendida sobre la hierba mientras que Valentine estaba sobre ella y la hacía suya. Y el corazón se le desbocó, y sintió mucho miedo de que lo descubrieran.


Si Valentine se daba cuenta, lo mataría.
Pero cruelmente no podía marcharse, se escondió detrás de los matorrales, lejos, pero demasiado cerca a la vez como para poder verla y desear con locura estar en el lugar de su parabatai.
Eso era ahora Lucian Graymark, un mirón, un espía invadiendo la privacidad más íntima. Pero ella era demasiado hermosa, él siempre supo que era hermosa, incluso cuando era desarreglada y poco femenina, antes de que ese Morgenstern llegara y pusiera sus ojos sobre ella. Pero por tonto la perdió y allí estaba con otro.
Con ojos que parecían poder más en la oscuridad que antes, observaba cuánto había perdido a la mujer que amaba.
No podía seguir allí, y arriesgándose a que se dieran cuenta se su presencia. Se obligó a marcharse. Y desde entonces no podía esperarse que Lucian pudiera interesarse por otra mujer ¿Cómo podía?
No podría, tan simple como eso.
Así que finalmente arrancó sus ojos de la íntima escena y se fue en contra de su voluntad, y se perdió por lugares peligrosos, con esos que sentía, y eso que había hecho pensándole más que nunca, y Los Morgenstern jamás entendieron qué hacía Lucian en bosques tan peligrosos cuando fue mordido…
Ahora en el presente Nueva York le era insípida y aburrida. Había perdido tal vez a su amada una vez, pero ahora no, ahora no la perdería.
Los ojos de Luke brillaron como focos de luz, y el que lo hubiera visto en ese momento, hubiera pensado que una bestia estaba a punto de atacar.



Capítulo XX- Exilio

"Parabatai" pensó Valentine Morgenstern al ver a la bestia, una enorme sombra que cruzaba fugazmente la batalla en la librería.
Era el hombre con el que unió su alma, y después de años aún sentía a Lucian Greymark como parte de él. Ágiles en batallas, uno en conexión con el otro, hermanos por siempre…
"Y por eso él se enamoró de su esposa" pensó con un ardor en las entrañas, pero sacudió esos recuerdos de su mente con dolor.
En medio del humo, no tenía ojos para ver más nada, para ver a la persona que se escurría por la ventana de al lado, huyendo de él; la bestia había destruido a todos sus rapiñadores y ante eso Valentine sentía la debilidad corriendo por sus venas. El mejor Cazador de Sombras y era más débil que un Subterráneo…
Y un Subterráneo que también le había quitado a su mujer.
Pero ya no podía sentir a Lucian ni tener su fuerza, ya no eran parabatai, y en ese momento lo había perdido por completo. Porque él se había convertido en un Subterráneo y Valentine, Valentine se transformaba cada día en un demonio.


Qué gran ironía, sangre de demonio en ambos; en uno involuntariamente y en el otro, por su propia decisión.
Por eso se había quedado parado, porque por un momento volvió a haber una conexión mística entre los dos, por un breve momento que se desvaneció en el humo. Y no la volvería a haber si es que Valentine no se equivocaba.
El jefe del Círculo entró al local para destruir a Luke, pero después de una encarnizada lucha lo único que había quedado era un extraño silencio, y buscando con los ojos y los sentidos ya no podía encontrar otra vez al monstruo.
Pangborn salió a su encuentro, no sabía de dónde:
-Ha matado a Adriana- informa a un Valentine ausente.
-¿Dónde está Lucian?- rasguñó el hombre ignorando lo que le decían.
Sin respuesta, de un golpe aparta a Pangborn y a todos los que se le cruzaban. Ya no había nada en ese lugar.
Nada.
Sus ojos centellaron e ignorando a todos sus secuaces, los vivos y los muertos, se dirige con paso firme hacia las escaleras del fondo, pasando de largo el agujero en la pared que había sido el escape para sus presas.
La librería estaba destruida pero no el piso de arriba, y Valentine descubrió el hogar que había alojado a Jocelyn todos esos meses.
Y era un hogar, un cálido lugar, y en todas partes se sentía su presencia: las rojas cayenas que siempre le habían gustado, los pañuelos sobre los brazos de los muebles, el frutero infaltable decorando la mesa…. y las pinturas. Valentine clavó sus ojos en la de un niño sonriente que era la que decoraba la entrada.
"Jonathan" murmuró. Y nadie podía ver que estaba llorando, el salado ardor de las lágrimas cruzaban sus mejillas.

---*---*---*---

Jocelyn lo vio entrar y apenas sentía el dolor de las cortadas en sus piernas. Era él, y ahora temía por la vida Luke como nunca antes.
Entonces se decidió irlo a enfrentar, enfrentaría a Valentine si eso salvaba a Luke. Aún tenía un cuchillo en su mano, uno grande y afilado que le había cortado un costado mientras se escurría sin ser vista, y esa hoja filosa iría directamente a su pecho. Así fuera lo último que hiciera.
Estaba oculta por la sombra de un parapeto maltrecho tirado junto a la pared del vecino, sucio y roto y que no tenía ninguna razón de estar allí. Ahora la tenía, protegía a Jocelyn de ser vista.
Sus piernas sangraban, su costado sangraba, pero su sangre fue su salvación. El olor era el rastro perfecto: La bestia la encontró.
Era Luke que había sobrevivido y estaba fuera del local, en la calle allí cerca de ella.



---*---*---*---

En el barrio de East Elmhurst ya habían pasado demasiadas cosas. Los bomberos llegaron tarde como siempre y apagaron el fuego que había consumido el local, pero sin encontrar ningún cuerpo, ni nada que explicase lo que había ocurrido allí.
Y todo era extraño, los jóvenes muertos en la parada de autobús, la librería quemada y destruida sin explicación. Pero no era la primera vez, y los mundanos se desentendían de lo que no podían comprender.
Esas cosas pasaban y punto. Nadie se iba a mortificar más por eso.
Así que una vez más todo se olvidaría pronto.

---*---*---*---

La ciudad de Nueva York daba la bienvenida a otro día gris, y era como un laberinto de cuadras y edificios que palpitaba con el trajinar de miles de personas, en el día tras día, hasta que el mundo llegara a su fin.


Magnus Bane era conocido como el Gran Brujo de Brooklyn. Evadía a los Cazadores de Sombras pero una nefilim había logrado dar con él, cuando éste celebraba una de sus estrafalarias fiestas en la zona industrial en donde vivía.
-Jocelyn Morgenstern- el brujo supo enseguida que ella estaba allí. Había tocado el timbre de la puerta y una pequeña rendija de abrió casi enseguida -¿Cómo pudiste dar conmigo?-
-No creo que sea algo tan difícil, después de todo eres el Gran Brujo de Brooklyn y tus fiestas son memorables- le dijo la mujer al otro lado del portón.
La música de fondo era estruendosa y casi no se podía hablar.
-Tu presencia aquí pone en peligro mi fiesta, Cazadora de Sombras- repuso Magnus con severidad –Por culpa de ustedes yo casi que no puedo hacer más ni una fiesta ¿Ven?-
-¿Y qué es lo que he hecho yo? O Luke. Dime, Magnus-
-Pues, por culpa de ustedes dos es que ese loco anda por aquí acabando con todo el Submundo. Así que ya éste ya no es el lugar seguro que solía ser- respondió él –Y mis guardias tienen orden de acabar con cualquier Cazador que sea avistado por aquí-
-Pero nadie me ha atacado a mí-
Magnus no dijo nada.
-A mí no quieres hacerme daño, de hecho no quieres hacerle daño a nadie. Deja de hacerte el indiferente-
-No me importa ningún nefilim, de hecho, pero me veo muchas veces inmiscuido en sus asuntos-
-Todo el mundo está inmiscuido en esto. No es cuestión mía o de Luke. Valentine está aquí para destruirlos a ustedes y tomar el poder. Nuestro asunto les concierne, y mucho, a ustedes-
Magnus nuevamente no dijo nada. Y Jocelyn se estaba arriesgando mucho con estar ahí afuera en eso.
-Eso es cierto- al fin reconoció la voz detrás del portón–Además, vi a aquella gente otra vez-
-¿Dónde?- exclamó ella involuntariamente y un frío recorrió todo su cuerpo.
Después de eso se oyó un crujido y un movimiento detrás de la puerta y Jocelyn respiró pues Magnus le estaba abriendo.
La mujer entró sola al local concurrido e iluminado, e inmediatamente el brujo cierra con llave tras ella. Aquello adentro estaba lleno de Subterráneos, y de Subterráneos de todas clases, pero Jocelyn no estaba de humor para ponerse a ver a la gente que estaba allí.
-Será mejor que te apresures- le dijo Magnus de mala gana, como si no le gustara nada que la concurrencia de su fiesta viera a la Cazadora de Sombras que estaba llegando a su casa –Hubiera sido mejor que viniera Luke- comentó.
-Luke está vigilando allá afuera, y no tiene forma humana-
-Ya, entiendo. Fue muy bueno lo que hizo en el Central Park, por cierto, él solo acabó con un manojo de demonios de Valentine- el brujo la guió por un sendero que bordeaba la zona de reunión y que llegaba hacia el edificio.
-Sí, pero…- Jocelyn tomó aire pues aquel estado la tenía agotada siempre- Fue precisamente por aquel altercado que El Círculo dio con nuestro paradero… en la Librería Garroway- y sintió una punzada de dolor. Luke y ella habían levantado aquel lugar con amor, y ahora estaba en ruinas.


-Ahora que lo pienso. Nunca supe qué hacía Luke tan imprudentemente en el Central Park esa noche-
Ella evadió su mirada. Y no necesitaba excusas, la gente de la fiesta dejaba de hablar cuando ellos pasaban y estaban comenzando a verla
-Es un novato, eso. Y no tiene manada ¿No? Y por culpa de su imprudencia es que ustedes están ahora en esta situación- Magnus seguía su camino sin prestar atención al hecho de que todo el mundo estaba murmurando a su alrededor –Te conté que había visto a aquella gente de nuevo. Pues sí, fue hace cuatro días, Jocelyn Morgenstern, a Emil Pangborn en "La Luna del Cazador". Lo debes conocer muy bien-
-"La Luna del Cazador"- Jocelyn se detuvo en seco –¿Y están todos bien?- pensó en Alaric y en todos sus amigos de la manada de licántropos.
-Tranquila, no pasó nada, el hombre aquel no hizo nada, pero obviamente que estaba vigilando- expresó con disgusto –¡Vaya individuos más desagradables los amigos de tu esposo! Y tu esposo también lo es; si lo vieras ahora no lo reconocerías-
-Él ya no es mi esposo, Magnus…-
-Lamento recordarte que estás casada con él, todo el mundo sabe eso- y luego señaló hacia el brazo de Jocelyn- Y la marca de matrimonio no se te borra ¿Eh? Valentine debe tener una igual… hum-
Entonces tanto Magnus como Jocelyn se dieron cuenta de que muchos Subterráneos estaban mirando fijamente hacia ellos. Para ser más exactos, las miradas iban todas dirigidas hacia Jocelyn.
-Ven, rápido- él la tomó del bazo y se la llevó apresuradamente a la puerta de su casa –No deberías estar aquí, eres una Morgenstern-
Jocelyn estaba demasiado incómoda, ocurría lo mismo que ocurrió en "La Luna del Cazador" Los Subterráneos no confiaban todavía en ella.
Una vez adentro, se encontraron en la residencia de Magnus Bane, que por fuera no inspiraba más que un simple apartamento como todos los del loft de la zona, pero por dentro era un lujo muy exótico. A Jocelyn le gustó estar allí, sobretodo porque estaba a salvo de las miradas temerosas de la gente.
-Gracias- le dijo con suave voz –Aprecio lo que haces por mí. Sé que no te corresponde-
-No me corresponde, pero conozco tu historia, Jocelyn Morgenstern. Me la han ido contando, los rumores vuelan- los ojos de gato de Magnus eran inexpresivos –Lamento lo de tu hijo. Entiendo lo que sientes ahora, y sé que no apoyarías nunca a Valentine-
Cada vez que alguien le recordaba a Jonathan ella sentía que no podría controlarse. Pero en esos días después de la reveladora noche del miércoles, mucho había pasado. No sabía si confiar en el brujo y confesarle sus dudas, sus sentimientos, pero se avergonzaba.
-Ni Luke ni yo vamos a traicionar a nadie. Sólo queremos sobrevivir, y ahora necesitamos ayuda-
-Y por eso viniste conmigo- un gato enorme y esponjoso se había acercado a los pies de Magnus, y Magnus lo tomó en sus brazos.
-Sí, eso creo- respondió tristemente la mujer. No tenía a nadie más, había escuchado a los de la manada de Alaric decir que aquel Magnus Bane se las sabía todas, pero ahora mucho se temía una gran negativa de respuesta y ella tendría que salir otra vez a la calle y quedarse ella y Luke como unos vagabundos errantes deambulando sin rumbo hasta que la muerte al fin diera con ellos.
-Pues no te equivocaste-
Al principio creyó que no había oído bien, pero Magnus continuó:
-Tal vez pueda ayudarlos. Me da pena su situación, y lo que has pasado, y eso no es algo común en mí- Magnus jamás le diría que le agradaba, porque era diferente. Además, ya había ayudado a otros nefilim en el pasado - Sé que no eres como tu esposo- por un momento echó un vistazo por la ventana y luego volvió a cerrar las cortinas –Hay un lugar del que no saben muchos de los Cazadores de Sombras, un lugar del que no debe saber El Círculo. Luke es Subterráneo ahora, aunque fue una vez nefilim, pero es posible que los acepten allí por eso-
-¿Un lugar?- ella sintió una oleada de aire fresco y nuevo en el ambiente.
-Un submundo, sí, oculto. Todo lo que puedo hacer es decirte cómo llegar allá. Si los aceptan estarán a salvo del Círculo por un tiempo- el brujo se dirigió hacia otra habitación y regresó con unos papeles en la mano.
-El Submundo de Salem aquí- extendió sobre la mesa uno de esos mapas del estado de Nueva York que vendían en las estaciones del metro –Todo este territorio. Pero está oculto por un poderoso Glamour- dibujó con un lápiz un área redonda sobre el mapa que afortunadamente no quedaba tan lejos de allí.
Luego se apresuró:
-No les será fácil, las cosas han empeorado. Lo del hotel Dumort… todas esas cosas que habrás visto en los periódicos…- puntualizó tamborileando los dedos sobre el mapa- Todos saben del Círculo y hay un enorme descontento entre los Subterráneos-
-Valentine también está asesinando a mundanos. Y está aliado con los demonios. Es un enemigo de los nefilim así que ésta es una guerra de todos-
-Lo sé, pero no todos lo entienden- Magnus recogió los papeles –Y no puedes estar aquí. Obviamente que mis invitados se inquietaron mucho al verte y me meteré en graves problemas si se enteran de que estuve ayudándote-
Le regaló el mapa y con cortesía la invitó a salir de su casa.
-Vayan allá al sitio marcado en el mapa, y busquen Ragnor Fell, en un local llamado "Crow Haven Corner". Cuando no está en Idris, él suele estar allí- prosiguió y la llevó de nuevo a la puerta, sin prestarle atención a las miradas inquisidoras. Y como despedida el brujo dijo –Suerte-




jueves, 11 de septiembre de 2014

Capítulo XIX - Cacería

La pandilla del East Elmhurst había sido aquella que una vez acosó a Jocelyn Morgenstern cerca de la panadería, y ahora estaba tirada en el suelo de una parada de autobús, inconsciente de borracha. Cuatro chicos que no pasaban de los 18 años y ya sus vidas estaban perdidas para siempre.
Acostumbrados a ser felices y despreocupados gracias al alcohol y a la marihuana, y a tener todo lo que deseaban fácilmente y de mala manera, no les sería nada fácil a esos jóvenes adaptarse a una vida correcta y digna.
Jamás la tendrían.
Esa mañana amanecían los cuatro allí, en la solitaria parada, y la llovizna humedecía sus costosas chaquetas.
Cuando uno de ellos, el líder, pudo abrir los ojos, se encontró con la sorpresiva visión de un grupo de gente ahí parada alrededor de ellos.
Una mujer vestida de negro, según pudo ver el joven en medio de su resaca, se les acerca:
-Mundano- le dice, y la mujer se agacha hasta quedar en cuclillas. No se sentaría en la acera para no ensuciar su bonita ropa –Tú eres de esos que andan por la calle todo el día, conoces a todo el mundo-
El joven de mala gana asintió, aunque no tenía ganas de hablar con aquella gente.
-Mira esta foto- sacó algo de su cazadora negra y el joven entonces distingue que la mujer, de hecho toda aquella gente, estaba armada: había un enorme cuchillo en su plateado cinturón.
Ya no estaba tan tranquilo, el frío del miedo se adueñaba poco a poco de sus miembros. Echó una mirada nerviosa a todos los que los rodeaban y distinguió filosas armas y actitudes peligrosas en cada uno de ellos.
-¿De qué pandilla son ustedes? No queremos problemas- nervioso el joven no recordaba haber visto una pandilla así. Eran todos adultos y los tatuajes que cubrían su piel eran rarísimos.
Los extraños se rieron.
-Somos del Círculo. Pero eso no es asunto tuyo, mundano, mira la fotografía- insistió la mujer haciendo que el joven tomara el papel.
Observó la foto y reconoció enseguida a los tipos de la librería, la mujer era aquella que una vez los había humillado, y el hombre había hecho que no se atrevieran a acercarse más ni a ella ni a la librería.
-Los conozco, son los que trabajan en esa estúpida librería- dijo.
La mujer soltó una exclamación y abrió los ojos como una demente.
-¿Dónde? ¡Dime mundano!- otro hombre de los del Círculo se le acercó con ímpetu.
-Oiga, no me llame "mundano" ¿Qué insulto es ése?- bramó el joven, entonces la mujer sacó su cuchillo y lo agarró por el cuello.
-Qué atrevimiento, niño miserable…- escupió la mujer.
-¡Tranquila, Adriana!- otra mujer que estaba más atrás la detuvo –¡No nos desviemos! Recuerden que él no está lejos- recordó a sus compañeros.
"Él no está lejos", aquella frase hizo que todos recuperaran la compostura pues era como si un fantasma terrible se hubiera cruzado por allí.
-Escuche, señora, yo no sé quiénes son ustedes- balbuceó el joven controlando su miedo- Si buscan a esos, ya les dije-
Los del Círculo fingieron paciencia con el chico.
-Dime, te recompensaremos- canturreó Adriana –Los conoces, a estos dos de la foto-
-Claro, son los marinovios de la librería. Ya se los dije-
Los del Círculo dieron un respingo ante esa palabra. "Marinovios", palabra terrible para quien también la estaba oyendo.
-Sobre todo conozco a la chica…- el chico imprudente, estaba en medio de una enorme resaca –Vaya chica- y recordó la humillación del rechazo de Jocelyn y quiso vengarse –A pesar del novio que tiene, es una zorra, porque anda por ahí meneándose con minifaldas... Claro, es que sabe que está demasiado rica…-
El chico imprudente no se percató de lo que sus palabras causaban ni de quién lo estaba oyendo. Y eso fue lo último que dijo…

---*---*---*---

Al rato los vecinos del East Elmhurt fueron sacudidos por un espectáculo espantoso: cuatro jóvenes habían aparecido muertos a cuchilladas en una parada de autobús, y uno de ellos estaba decapitado. El horror se adueñó del vecindario.
Un niño de la calle fue el único testigo del hecho, pero era difícil creerle, porque contaba que los cuatro jóvenes pandilleros estaban hablando con cinco adultos vestidos de negro y que en un momento un sexto hombre apareció de la nada que con una espada brillante y decapitó a uno de ellos con una rapidez insólita.
Nadie creyó esa historia del niño que había visto a Valentine Morgenstern quitarse un Glamour para decapitar a un jovenzuelo. Lo que sí era una realidad eran esos cuatro cuerpos brutalmente acuchillados que estaban allí en su vecindario.



---*---*---*---

Todas esas noches ella soñando con Valentine. Y él sin nunca haber experimentado tal pasión. Lo que ocurrió en ese momento era inevitable.
Ya no eran amigo y amiga, eran hombre y mujer.
El beso de Luke fue embriagador, como nunca imaginó que sentiría tratándose de alguien que siempre fue su amigo. Jocelyn creía que nunca más volvería a amar, pero ahí estaba su cuerpo vivo otra vez, su corazón latiendo fuerte y el cosquilleo en las piernas...
No, no más amigo y amiga sino un hombre y una mujer que sólo se tenían el uno al otro.
Ella se preguntó cómo hubiera sido todo si se hubiera dado cuenta de eso al principio, si Valentine jamás hubiera aparecido. Pero ya el pasado no podía cambiarse y Jocelyn era lo que era, y Luke lo sabía: Se separaron y la oscuridad era casi total.
Y no hubo Cambio, la sangre fluyó ardiente por sus venas pero el amor dominó al lobo.
Un silencio cómplice y un sonrisa ardiente acompañó el momento pero nada más.

---*---*---*---

Algo nuevo comenzaba entre ellos.
Pero fueron apenas unas horas de magia antes de que la librería fuera invadida por demonios drevak y rapiñadores.
Todo comenzó a las horas de estar silentes en sus cuartos. Alarmado, Luke había presentido todo y fue a buscar a Jocelyn a su habitación. Ella no había dormido en toda la noche, lo vio entrar irrumpir en el cuarto sudando y con su bulto de viaje en la mano. Sabía que debía tomar su cartera y salir de allí.
Ruidos estruendosos, humo, aullidos demoníacos. La librería se había vuelto un infierno porque Valentine los había encontrado.
Y no había otra manera de salir sino por la entrada principal, las ventanas del piso de arriba tenían todas barrotes.
No había alternativa, debían luchar.
Jamás sería una ama de casa, Jocelyn era una Cazadora de Sombras y no podría escapar de eso, pero sin cuchillos serafín las posibilidades de matar demonios eran nulas. No le quedaba más que tomar unos cuchillos de la cocina y enfrentarse a la muerte.
Bajaron las escaleras, sumidas en humo rojo, calor y miedo, los dos, y Luke empezó a cambiar:


-¡No te alejes de mí, Jocelyn!- le ordenó quedarse tras de él, para protegerla.
El hombre lobo se volvió enorme, fuerte y bestial cuando un rapiñador les saltó encima.
-¡Debes huir, por allá cuando veas la puerta! ¿Me oíste? No te detengas por mí-
Lanzó a aquel rapiñador muerto contra la pared de tal manera que el golpe de la gigantesca bestia abrió un agujero, y esa pared daba al local de al lado. Por allí señalaba Luke.
-¡No te dejaré!- gritaba ella inútilmente. Pero ahí estaban rodeados, atrapados en medio de la destrucción, y no le quedó más que huir sola por el agujero de al lado y dejar a Luke atrás reteniendo a los demonios.
Salió por una ventana rota y se cortó las piernas, pero huyó. Afuera no había nada, excepto tal vez una sombra. Jocelyn en su huida creyó ver a un hombre en la acera cubierta de humo, parado frente a la escalera de la librería.
"Valentine", pensó, pero él no la vio escurrirse como un reptil fuera de la ventana del local vecino. Estaban todos concentrados en la lucha dentro de la librería, el humo no les dejaba ver nada, era un lugar cerrado y traicionero para los invasores.
No sabía cómo pudo dejar a Luke, tenía su imagen clavada entre sus párpados, ella dejándolo atrás y perdiéndose entre el fuego.
Si no veía a Luke regresaría a por él.


sábado, 30 de agosto de 2014

Capítulo XVIII - El primer beso



Luke fue golpeado por una oleada de celos. Y sus pupilas centellaron.
-Todavía ¿Cómo puedes?-  controlándose logra balbucear esas palabras - ¡Después de todo lo que te hizo!-
Ella evadió su inquisitiva y penetrante mirada, fijando su atención en el piso, en el muy corto espacio entre él y ella. Después de todo, nadie más podía entender.
-No lo sé- respondió ella escuetamente.
Y entonces su mente viajó al pasado y por un momento ella se sintió de 18 años otra vez; no hacía mucho tiempo, de hecho,  es sólo que ahora parecía que habían pasado 100 años.
Estaba Jocelyn en un bosque florido de Idris, muy cerca del lago. Era feliz por primera vez y el amor inflamaba su corazón.
Ella no era una chica de flores y campos, había crecido para ser una guerrera, siempre vestida con pantalones poco femeninos, siempre con los pies enfundados por botas. Ella ni siquiera se sentía muy mujer. No era de aquel tipo ideal de chica que levantaba las miradas al pasar.
Pero aun y así como era, él se había fijado en ella.
Y eso le dio una nueva vida.
Aquel sábado por la mañana corría y corría libre, apretando contra su pecho la flor que el chico Morgenstern le había regalado en la fiesta.
No existía nada más para ella que él, el muchacho que le había tomado de la mano y le había dicho que la amaba. Y fue cuando Jocelyn Fairchild supo que en verdad era mujer. Todo el mundo se quedó boquiabierto, que Valentine Morgenstern se fijara en la insípida hija de los Fairchild, cuando él podía elegir cualquier otra más bella.  Jocelyn parecía más un varón, siempre de arriba para abajo con aquel raro de Lucian Graymark, y con aquellas fachas poco coquetas. Pero el extravagante Cazador de Sombras se había enamorado, viendo en ella lo que los demás no veían.
Y se atrevió a hacer lo que nadie nunca hizo, decir que era hermosa, invitarla a bailar, tomarla en sus brazos y darle un beso en los labios.
Ahora junto con él aprendía a ser la mejor Cazadora de Sombras, aunque no existieran demonios en su mundo feliz.
Jocelyn Fairchild se había aventurado por campos donde antes no había pasado, siempre a orillas del lago. Y no había visto a nadie, hasta que distingue a lo lejos algo en medio del paisaje.
Ingenua, no se imaginaba que hubieran demonios asechando. Ingenua no tenía ningún miedo de acercarse a la sombra que estaba a orillas del lago.
Valentine estaba allí solo,  era él, y no había nada más alrededor, ni el trinar de un pájaro.
Ella se le acercó y lo encontró totalmente diferente a la última vez que lo vio, sus brillantes ojos estaban opacados y su rostro pálido lo ensombrecía la melancolía.

Jocelyn presintió que el joven cargaba con una gran pena, que nunca antes había demostrado. Lo hacía ahora frente a ella. A su lado, los dos en silencio, y él le tomó de la mano
Él estaba allí en el lago, no sabía por qué. Finalmente él habla como susurro:
-¿Tú crees en los Instrumentos Mortales, Josie?-
-Sí, supongo que sí…- contestó, admirando el gran azul del lago en el que se reflejaban los rayos del sol- Con ellos nos crearon a nosotros, nuestra raza, con La Copa Mortal- y estando en ese lugar se sintió muy inspirada al recordar las leyendas. Y así no podía negar que creía en ellas-
-Deben ser muy poderosos- comentó Valentine inexpresivo.
-Sí. Imagina. Si uno tuviera la Copa Mortal…- se imaginó Jocelyn con aire soñador–Podríamos hacer más como nosotros ¿Verdad? Perfectos, como soldados…-
La mano de Valentine apretó la suya con emoción.
-Es cierto, sí –exclamó como ante una revelación, luego dejaron sus ojos azules de admirar el magnífico lago para admirarla a ella- Eres brillante, Josie ¿Lo sabes? Tú y yo, mi amor, no somos como los demás. Tú siempre has estado un paso más adelante-
Las palabras de Valentine obraban en ella lo que imaginaba que hacía una bendición del Ángel.
-Los demás no lo veían, pero yo sí- le dijo, sin soltarle la mano, sin quitarle esa mirada profunda de sus ojos- Te amo, Josie, con todo mi corazón-
Ella sintió un vuelco en el corazón y su mano en la de él tembló. Era algo que nunca antes había sentido y que no podía explicar.
-Valentine- en ese momento no tenía palabras para decirle, le salió torpemente su preocupación –No entiendo por qué te encuentro tan triste, tan solo. No tienes razón para estar así-
-Sí las tengo- fue lo que respondió, como si le faltara el aire.
-Quisiera poder retroceder el tiempo y hacer que tu padre recobrara la vida. No tienes que hacerte el fuerte conmigo, Valentine, yo no te juzgo, te comprendo-
El rostro del joven parecía irradiar la belleza azul que mostraba el mismo lago, y había alegría otra vez en aquellos grandes ojos.
–Nadie puede entenderme, pero tú, Josie… yo contigo siento que puedo ser. Ser-
Ella sonrió y asentía comprendiendo enteramente su alma.
-Y te necesito, siempre conmigo, para poder tener esa firmeza ¿Lo ves? Siempre conmigo, Josie, para poder yo existir-

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Ahí estaba ahora, a sus 23 años, sin poder explicarle a Lucian lo que pasaba entre ella y Valentine ¿Cómo decirle que le costaba creer que Valentine hubiera hecho lo que hizo? Aunque lo hubiera visto con sus ojos, el cuerpo de su bebé cargado en sus brazos, hacía tan sólo meses atrás,  ya estaba empezando perder credibilidad la convicción de los hechos.
Pero eso era innombrable, y había jurado venganza y  seguiría siendo así aunque no se pudiera imaginar llevarla a cabo y ella terminar con la vida del hombre que decía que la necesitaba para existir.
-Dime, Josie- Luke la tomó por las caderas, haciéndola estremecer con aquel contacto, sintiendo su pasión. “Josie”, como la llamaba Valentine, y sentía otra vez amor; porque Luke hacía rato que  había dejado de ser su amigo; y si ella veía a Valentine en él, o si lo que sentía por él era la sombra de su amor, no le importaba.
-Lucian… yo todo lo que te digo es que tú puedes controlar el Cambio- balbuceaba tratando de ignorar lo que sentían ambos, pero Luke la apretaba y la atraía hacia él…sin escape.
-Dime cómo puedes seguir amándolo a él- y os ojos pardos de él, sus oídos escuchaban el corazón desbocado de Jocelyn –Y ¿Qué sientes ahora, por mí?-
Era lobo dentro de sí, allí en aquel momento presente, y el lobo la quería a ella. El lobo era lo que el hombre no se atrevía a hacer.
Ya la librería estaba oscura pues ya tocaban las ocho de la noche en el reloj. Y nada entraría a interrumpirlos.
El lobo quería salir otra vez, pero esa noche la ternura y el amor que estaba demostrando Jocelyn doblegaban la fuerza de su maldición. Estaba controlándolo.
Definitivamente enamorada de él, no lo rechaza, y sin nadie que se interpusiera, Luke busca sus labios y los encuentra.

Capítulo XVII - El ángel y el lobo



Y desde aquella noche, Luke Garroway estuvo callado y distante.

Cuando Jocelyn se levantaba, ya él estaba en la librería trabajando. Y cuando terminaba el día, ella trataba de alegrarlo con una buena cena; pero ser ama de casa no era precisamente lo que Luke apreciaba más de ella. Le decía que no era necesario que hiciera eso, que una Cazadora de Sombras como ella no tenía lugar enfrascada en una tonta casa.

Pero era necesario, se habían vuelto simples personas que vivían de la cotidianidad sin nada especial, y  el trabajo de ambos hacía el balance en esa vida.
Sin embargo, perturbaba a Jocelyn lo mucho que aquella simpleza los hacía felices; porque efectivamente, el estar alejada de su naturaleza nefilim la estaba sanando como un soplido de Dios, y en esa sanación, nuevos sentimientos afloraban. Pero se le asemejaba demasiado a su vida de casada en Idris también; y de no haber ocurrido lo del miércoles, la vida con Luke iba en camino a parecerse mucho a eso, a cuando ella era feliz con Valentine, antes de que cambiara.
No, no podía ser. A veces deseaba borrar su memoria, Jocelyn no quería pensar eso.
Tal vez aquel brujo Magnus podía hacerlo… borrar su memoria, que Valentine no existiera más, que sus penas no existieran más.
Era una idea muy seductora, pero la noche del viernes la descartó cuando leyó el periódico y encontró en varias noticias las acciones del Círculo. Los mundanos tenía miles de excusas para justificar lo que ocurría, pero ellos, los exiliados, los que tenían la Visión, sabían quién estaba en realidad detrás de las muertes y los crímenes que aparecían en aquella ciudad.
No podía olvidar, eso era de cobardes y de egoístas; ella tenía una misión y ya no sentía tan segura su vida en la librería del barrio: Los estaban buscando, en cada esquina, en cada sombra y en cualquier momento darían con ellos.

Preocupada cerró el periódico y el silencio del apartamento era tan espeso como el alquitrán. Hacía pesar el cómo una noche había cambiado todo. Porque él no se perdonaba por lo que iba a hacer, y Jocelyn estaba ansiosa por saber lo que él quería hacer.
Luke estaba todavía abajo, haciendo la contabilidad de la tienda, así que ella bajó las escaleras y lo encontró apostado detrás de la caja, con sus lentes puestos y la mirada clavada en la máquina y en los papeles. Y no se movió en nada cuando ella llegó.
Jocelyn se acerca pero él no alza la mirada siquiera.
-No entiendo por qué lo del miércoles tuvo que cambiarnos, Luke- ella se recuesta de la caja registradora, que era un modelo de hacía 30 años atrás.
-Creo que no hacen falta las palabras- murmuró Luke sin levantar la mirada hacia ella que estaba allí justo enfrente–Ya lo has visto-
-¿Qué es lo que he visto?-
-El por qué yo no puedo vivir con nadie-
Jocelyn entonces alza su mano hacia su rostro y se lo alza gentilmente, dejando ver de frente esos grandes ojos pardos, opacados por el pesar.
-Luke, nunca supe que tuvieras una novia. De hecho, jamás- ella abarcó un tema que nunca había hablado con su amigo.
Él bufó, pero no apartó su rostro de la tersa mano de Jocelyn. Ella entonces le quita los lentes falsos que usaba, y sin eso sus pupilas brillan con más intensidad.
-Nunca has tenido novia- afimó ante su silencio.
-Soy un animal, Josie…- él forzó una sonrisa despreocupada.
-No me sigas haciendo creer que se aparean como salvajes  porque yo sé que no es cierto, y mucho menos tú, tú no eres así. Tú eres un hombre mucho más decente y digno que muchos nefilim que he conocido, y definitivamente más que los mundanos-
-¿Quién me va a amar?- soltó amargo–Tal vez otro animal, que pueda llevar el mismo estilo de vida que llevo yo-
-No, no es cierto…- respondió Jocelyn con firmeza y antes de que Luke pudiera ver lo que había en su rostro en realidad, él voltea la mirada y añade:


–Pude haberte atacado, no sabes lo que es vivir así, siendo alguien que se convierte en monstruo todo el tiempo y que puede herir a los que ama. ¡No se puede vivir así, herimos a las personas!- soltó con una energía que sobrecogió a la mujer, luego el ímpetu del  hombre lobo cae por un foso y dice -Valentine tenía razón al decirme que debía terminar con mi vida-
-¡No es cierto!- Jocelyn reacciona - ¿No sabes controlar el Cambio? Eso es-
No respondió, su corazón latía muy fuere porque Jocelyn estaba demasiado cerca de él. Ella debía irse, temía que el Cambio regresara. Fue traicionado por su propio ser, cuando la seducción se adueñó de él la bestia se adueñó de su cuerpo.
-No sabes- adivinó ella –Pero puedes hacerlo, Luke, debes aprender. Los hombres lobo pueden llevar una vida normal. Mira a Alaric, a todos los demás ¿Por qué te empeñas en creer que estás condenado?-
Sus manos acariciaron su rostro acongojado con ternura, pero Luke tenía demasiado miedo, porque ella tenía razón y tal vez él se estaba negando a todo.
-No puedo, cuando estás cerca de mí yo siento que no puedo. Y cada día empeora- al fin Luke dejaba salir muchas cosas que estaban en su pecho. Y había un gran estremecimiento en los ojos de Jocelyn porque aquel no era el tímido chico que siempre fue. Ahora se daba cuenta de lo mucho que había cambiado, había una fuerza enigmática en Luke que la intimidaba… y a la vez que la seducía –Cada día empeora… - le repetía él.
Sabía lo que significaba y sintió que no debía estar allí. Pero ella estaba dejándose llevar, y ahí estaba queriendo saberlo todo. Porque tal como le pasó a Luke cuando la vio en el baño,  le pasaba ahora a ella.
-No podía tener novia, porque yo sólo puedo amar a una- le dijo al fin, con  certeza desgarradora.
-Lucian…- soltó Jocelyn con una exhalación, con muy poco aire pues su corazón se había desbocado.
-Y allá, todo lo que yo veía era que esa mujer pertenecía a otro- proseguía, y las palabras salían amargas, como vinagre –Todo el tiempo con él, vivía para él, era enteramente suya-
Perturbada Jocelyn alejó sus manos de él. No soportaba aquellas confesiones, no en esos momentos. No, justo en esos momentos.
-¿Qué había para mí? Nada. Dime Jocelyn ¿Qué podía yo hacer?- le reprochó él con los celos a flor de piel.
“Nada” gritaba ella en su mente en respuesta a eso.
-Una mirada tan sólo y Valentine me extermina ¿No era así?-
-Así era- asintió sintiéndose culpable.
-Nadie podía tocar a Jocelyn Morgenstern- pronunciaba con sorna y eran muchas las cosas que él recordaba pero que eran irrelevantes ahora.
-Yo, lo siento mucho, no sabía, no me imaginaba que…- quiso saber la verdad y ahí estaban las crueles palabras que lo confirmaban todo y debía admitir su culpa. Su culpa por haber sido tan ciega, y su culpa por lo que le pasaba ahora también –Yo creo que nunca podré olvidar a Valentine, y lo siento más que tú. Una parte de mí todavía ama al maldito-
Jocelyn era fuerte,  pero en aquella época la vida la había doblegado de tal manera que no controlaba las lágrimas ardientes que le brotaban.
Estar ahí tan cerca de Luke le ponía en claro, irremediablemente, que ahora se hallaba en medio de una batalla pasional entre un ángel y un lobo en la cual ella era el objetivo.  No podía escapar de ninguno de los dos, sus sentimientos así se lo dictaminaban. Y de allí frente a Luke no podría apartarse.