La silueta de Jocelyn se perdía entre la gente y una
fina lluvia comenzaba a caer sobre la agobiante ciudad de Nueva York,
totalmente ignorante de la mirada que tenía Lucian Graymark unos pasos atrás de
ella.
Lo que ocurría en su corazón estaba claro, Lucian
jamás había sido un chico seguro, y cuando fue mordido su temple cambió y ahora
se transformaba en una bestia que sabía muy bien lo que quería.
Los recuerdos de lo que había visto aquella vez en
Idris, junto a la cascada, encendieron su corazón y se sentía muy diferente
aquella noche. El verla irse y dejarlo atrás, como tanto había pasado en Idris
por culpa de Valentine, hacía reaccionar los instintos del lobo que ahora vivía
dentro de él.
Estaba asustado, porque temía la llegada del cambio,
como ocurrió aquella vez en el baño. Temía convertirse en una bestia que
devoraría a los mundanos que ingenuamente caminaban a su alrededor, y que
posiblemente atacaría a Jocelyn también.
Pero Luke experimentó una fuerza inusual, las palabras
de su amada lo ayudaban a combatir su maldición “Tú puedes aprender a controlarlo, Luke” oía su dulce voz y
sorprendentemente no perdió el control, no había ningún síntoma de que su
cuerpo se estaba transformando.
Estaba dominado El Cambio.
Hambriento, observaba a Jocelyn perderse entre la gente
y el corazón le galopaba como un caballo salvaje.
Entonces ahora se daba cuenta del verdadero cambio que
había ocurrido en él, y que estaba despertando más y más. Y ya no dejaría que
se le fuera de las manos lo que más amaba, que se le fuera de las manos otra
vez para encontrarse con otro con más audacia que él. Ya no más, ya no más
aquel muchacho estúpido y mirón. Ahora era un lobo.
Jocelyn iba a cruzar una ancha avenida salpicada de
lluvia cuando una mano firme la sujetó por el brazo. Su mundo giró porque
conocía la fortaleza de aquel brazo, y el dulce olor.
Cuando se dio la vuelta vio a un Luke totalmente
seguro, como lo había sido Valentine, un hombre que sabía lo que quería y que
haría todo lo que fuera por conseguirlo.
Sorprendida todavía se estremece cuando Luke la toma
por la cintura y la atrae hacia sí sin posibilidad de escape, y el delicado olor
a lluvia impregnaba toda su ropa. Firme, su cintura apretada a su cuerpo,
sintiendo cada forma de su cuerpo musculoso, no se molestaba por la presencia
de transeúntes incautos ni pensaba en peligro alguno. Tembló de pies a cabeza
confirmando que la timidez y la inseguridad de su amigo se habían acabado desde
el momento en que se había convertido en un hombre lobo… y eso la seducía
enormemente.
Era como Valentine, y Jocelyn nunca pensó que sentiría
ese deseo por otro hombre, y mucho menos por su amigo de infancia.
Mundanos pasaban por la calle y nadie veía el mágico
momento, y los brazos de ella lo rodearon sin poder ignorar más ese deseo que
la atormentaba desde hacía noches atrás.
Sus piernas le fallaron pero Luke la contuvo, y con
esos ojos amarillos de animal, mirándola como nunca antes, la besa, y Jocelyn
no hace nada por resistirse.
Amaba eso, él sabía lo que desea y lo buscaba con
firmeza, y no lo iba a dejar ir. Así era Valentine.
Él la besó con desesperación, con ansias reprimidas
por muchos años…
Y Jocelyn había recibido su beso con gusto… hasta que
lo separó, muy en contra de su voluntad.
La pasión reprimida estaba a punto de hacerlos perder
el control, pero al separarse se dieron cuenta de que estaban en medio de una
calle y de que había demonios buscándolos. Que podía perder la vida.
Y ahora menos que nunca deseaban eso.
-Tú no sabes. Tú no sabes- Jocelyn trataba de hablar
con elocuencia.
-No necesito que me digas nada, todo lo acabo de
sentir ahorita- a Luke no le importaba nada. Estaba seguro de lo que sentía
Jocelyn por él, y era feliz.
-¡Todavía lo amo!!- le gritó ella y le dio la espalda
para huir, pero Luke la detuvo otra vez.
Ella estaba muy avergonzada, pero no callaría.
-Después de todo lo que me hizo, aún lo amo, tienes
que saberlo-
Luke la escuchaba perplejo, con las luces de la ciudad
reflejadas en sus enormes ojos cambiantes. Y estaba esperando que Jocelyn
dijera algo más.
Lo que había dicho antes no le importó para nada. Él
solamente escuchó de sus labios la frase “Y
te amo a ti”.
Los dos extranjeros continuaron caminando, y había
dejado de lloviznar, así que la ciudad se reflejaba en las calles y en las
aceras húmedas.
-Yo no puedo amarte, no debo. Y mucho menos debo
seguirlo amando a él, a ese monstruo maldito-
Luke no quería decirle nada, ella tenía que
desahogarse. Pero el tiempo pasaba aún más y los conflictos había que
resolverlos y no seguir viviendo en un eterno remolino de emociones.
Su mano buscó la de ella.
-Yo puedo entender por qué lo amas. Siempre lo
entendí, él te dio muchas cosas cuando yo era incapaz de darte lo que
necesitabas. Era un estúpido, y Valentine
astuto, maduro y seguro de sí mismo-
-Y mató a toda mi familia ¿Lo justificas? ¿Justificas
mi maldición?- espetó furiosa.
-No, claro que no. Pero los sentimientos son así,
traicioneros, y tú debes entender tus razones por las cuales aún sientes amor-
Ella se detuvo, cansada, muy cansada de todo, con una
puñalada en el corazón.
-Yo no soy buena, sino, no hubiera hecho lo que hice-
le dijo a Luke con tono severo.
-Jocelyn, ¿Qué hiciste?- tenía la sensación de que
escondía algo que él no sabía.
-He matado por él, Luke-
-Todos matamos por él, era nuestro ideal en el Círculo.
Valentine nos entrenó para eso-
-No, no entiendes-
Luke supo que debían irse a otro lugar. Sus planes de
viajar a Salem seguían y debía hacerse al día siguiente, y ahora debían buscar
un refugio entre los Subterráneos, en donde El Círculo no pudiera encontrarlos.



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