Los primeros dos días se fueron sin lograr nada, de
hecho tenían mucho miedo de salir de la habitación. Si ellos no encontraban a
algún Subterráneo que los ayudara, no lo lograrían. La amenaza del Círculo los
acechaba en cada esquina, de cada calle.
El tercer día pasaría y ellos ya no podrían pagar más
la habitación.
El dueño del motel, esa tarde, se les acercó y con
mucho temor les dijo que se fueran, que la gente del lugar les tenía miedo. Era
un hombre acostumbrado a decirle las cosas sin disimular a la gente, pues había
lidiado ya bastante con criminales y narcotraficantes y estaba más que seguro
que Lucian y Jocelyn eran unos más de esos.
El hombre, al igual que muchos de los huéspedes del
lugar, pensaba que o eran narcotraficantes, o eran traficantes de mujeres. Algo
así.
Callados, no hicieron caso de la ignorancia de aquel
mundano.
Debían buscar ayuda en el Submundo, eso era. Lucian
tenía una ligera idea de algunos lugares del Submundo donde los Subterráneos
solían reunirse… había oído hablar algo de eso en la manada allá en Idris. Pero
ahora no recordaba en lo absoluto los nombres de los lugares… Entonces Jocelyn
hizo algo por él.
La tarde del tercer día en el motel, con las horas contadas
para los dos extranjeros que no tenían a dónde más ir, Lucian tenía la cabeza
caída sobre sus piernas en señal de desesperación, pues habían tenido noticias
de la presencia de demonios en la calle, cerca de ellos. Los humanos decían que
habían sido “animales muy extraños” pero ellos sabían muy bien que habían sido
demonios.
Jocelyn ante eso silenciosamente toma su olvidada
estela, ésa que ella tenía oculta en el único bolso que había traído de Idris,
y la única razón por la cual no se había deshecho de ella era porque es un
recuerdo de su madre muerta por Valentine. Tomó la estela en silencio y ante un
Lucian atónito se le acerca y pone la punta del instrumento sobre su brazo.
Lucian no se atrevió a abrir la boca, las marcas no
servían sobre los Subterráneos y ella lo sabía, además de que eran muy peligrosas, sin embargo dejó que hiciera lo
que iba a hacer.
-Tú fuiste un Cazador de Sombras, esto tal vez
funcione- susurró ella ausente y dibujó una runa sobre el brazo de Lucian.
Fue muy doloroso, como un cuchillo ardiente cortándole
la piel, pero Jocelyn era muy buena y la marca la hizo rápida y precisa. Una
runa para recordar.
-"Alaric"- balbuceó Lucian en medio del ardor de la
herida y un mareo, ese nombre desconocido –"La Luna del Cazador"-
La marca se desvaneció enseguida y no funcionó más.
Lucian no supo más nada, se quedó en blanco.
-Esos nombres deben significar algo- dijo ella mientras volvía a guardar la estela
en la desgastada y remendada bolsa.
El hombre se levantó del sillón pensativo, le daba
vueltas a los ojos, haciendo un esfuerzo por recordar. Debían irse de la
habitación, y ya no tenían más dinero.
Y si no encontraban un trabajo, se las verían muy mal.
-“La Luna del Cazador” debe ser el nombre de un lugar
de Subterráneos- dijo él mientras Jocelyn se ocupaba de guardar las pocas
pertenencias que habían conseguido en dos días en el motel. Alguna ropa, unos
maletines robados, un reloj, un teléfono, comida…
-Seguro que sí. Debemos buscarlo, Lucian. Eso es- ella
se detuvo en seco, un poco más animada que antes –Y “Alaric” debe ser una
persona que debemos buscar allí-
Los dos se miraron mutuamente con ojos brillantes,
entonces él le dice:
-Ahora debes descansar. Mañana…-
-Mañana no, debemos irnos ahora-
-No, la noche es muy peligrosa, Jocelyn. Nadie vendrá
a sacarnos esta noche de aquí y si lo hacen, se van a encontrar con una
sorpresa…- Lucian habló severamente –Descansaremos esta noche y mañana temprano
nos vamos-
Ella no se resistió, se encogió de hombros y dijo:
-Bien, busquemos algo para cenar entonces- y hurgó en
su bolso tanteando unos dos billetes que aún quedaban –Tenemos nada más que
para dos sándwich…-
Miró de reojo a su compañero y pensó en el hambre que
debía estar sintiendo, siendo un hombre lobo que no había comido sino puros
sándwiches, pollo de KFK, y pizza desde no sabían cuándo.
Afortunadamente el motel tenía un cafetín en el mismo
edificio y allí iban a comer. La noche no prometía gran cosa para ambos, sino
comer y regresar a ver un poco de TV mundana sin hablar mucho y acostarse a
dormir.
Lucian era en realidad un hombre muy pacífico,
observaba Jocelyn, tan diferente a Valentine. Valentine no hubiera perdido el
tiempo… Ella se sentía totalmente segura y en paz con Lucian.
Lo amaba… como amigo, se repitió.
---*---*---*---
Al día siguiente antes de salir el sol la pareja
abandonó el maltrecho motel, como si dejaran atrás un último refugio.
La ciudad de Nueva York era demasiado grande y
amenazante para los extranjeros como ellos. Era tan diferente a Idris, sin
embargo Jocelyn parecía agradecer eso.
-¿Usted conoce algún local llamado “La Luna del Cazador”- en una tienda en medio de una calle concurrida, Lucian entra y
pregunta. El encargado era un Asiático y no sabía mucho inglés, por lo que
Lucian no esperó mucho de él. El Asiático negó con la cabeza.
-Bueno, sigamos buscando- le dijo a Jocelyn cuando
sale de la tienda.
Recorrieron varias calles aprovechando su energía
sobrehumana. Al caer la noche les dio miedo, sobre todo a ella.
-Valentine nos va a encontrar ¡¿Qué hacemos?!-
Él le tomó de la mano y le dijo que esperara.
-¿A dónde vas?-
-No pasa nada, espérame un momento- Lucian salió a la
calle y se perdió tras un edificio. A Jocelyn le entró un ataque de pánico allí
sola en ese mundo horrible. El mundo humano era gris, triste, lleno de
violencia. Idris en cambio… Jocelyn divagó recordando su vida en Idris, antes
de que ocurriera la desgracia que ocurrió. Casi podía ver las montañas.
Entonces recordó a su familia y la casa con sus jardines y las montañas… todo
lo que Valentine destruyó.
Dio un sobresalto cuando un automóvil se aparece. Era
Lucian.
-Te dije que no robaras- le reprochó ella.
-Necesitamos esto hasta que encontremos el local,
Josie. ¡Vamos!- Lucian traía un gran automóvil que debía ser caro- Nada le pasó
al dueño, en verdad-
Ella accede pues el auto les brindaba seguridad.
Debían hacerlo, no tenían lugar a dónde pasar la noche.
La noche se hizo larga, pero estaban cansados. Lucian
estacionó en un lugar apartado y allí dormirían hasta mañana. A primera hora
seguirían buscando “La Luna del Cazador”. Como aquella ciudad era tan grande y
los edificios tapaban todo… no se dieron cuenta que había una enorme luna llena
en el cielo.
Jocelyn cabeceaba, los recuerdos no se iban…
y todo era dulce amargo. No dejaba de recordar lo hermoso de su vida de casada, no debía. Debía odiarlo.
Un gruñido la despabiló.
Un gruñido la despabiló.
-Lucian, Lucian ¿Estás bien?- ella notó que algo le
pasaba a él.
-Oh…no, Josie- balbuceó con dificultad.
A Jocelyn no le gustaba que él la llamara así, "Josie", porque
así la llamaba Valentine.
-Josie, VETE- le gruñó Lucian y unos enormes colmillo
sobresalían por su boca.
Hubo un forcejeo en el auto, el hombre se convertía en su totalidad.
Abrió la puerta del automóvil y antes de que fuera tarde, sale y se interna en
la noche dejando a Jocelyn en el automóvil.
-Lucian…¿ a dónde vas?- temblaba ella. Luego sale del
auto y trata de seguirlo. Pero Lucian se había ido lejos para que ella no lo viera
como un animal. Escapó avergonzado, no soportaba que Jocelyn le tuviera miedo.
Ella corrió hasta la calle vacía, desorientada,
aterrorizada. Cuando él se convertía a ella le daba terror, ésa era la verdad y
no podía disimularla.
Corrió pero era inútil.
Se dejó caer sobre el pavimento húmedo jadeando. Luego
pensó regresar al automóvil, pero cuando vio a su alrededor… no sabía dónde
estaba.
Se levanta y empieza a caminar sin rumbo. Su
mente tenía las imágenes de Idris muy vivas, ahora veía a Lucian aquella noche
cuando le tomó las manos, y ella le confesó que no sabía lo que le pasaba a
Valentine, que ahora estaba embarazada y Valentine solamente pensaba en su
ideología como un psicópata. Su amigo la consolaba y entonces es cuando Valentine los descubre,
descubre a Lucian tomado de las manos con su esposa. Luego de eso estaban
discutiendo en la sala de la casa y ella le espeta que estaba ausente, que
nunca se ocupaba de ella, que por eso Lucian estaba allí. Que estaba embarazada
de su primer hijo. Valentine entonces deja los celos y reacciona, se emociona
mucho y aquel hombre del que ella se enamoró estaba allí genuino.
Meneó al cabeza y los recuerdos se esfumaban ¿Cómo no
se dio cuenta a tiempo de que Valentine cambiaba? Que tal vez siempre hubo un
monstruo en él. Ahí estaban los celos y la desconfianza hacia Lucian. Ya había
indicios en aquel entonces del mal rumbo que seguía su matrimonio. Esa noche
ante la noticia su amor volvió, y ella olvidó todo, y todo fue hermoso otra vez
por un tiempo, hasta que Jonathan nació.
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Ausente sus pies la llevaron a vagar, y por algún instinto
sintió que el niño estaba cerca. No sabía hacia dónde la llevaban, pero eran esos
los alrededores del Instituto y algo llevaba a Jocelyn hasta allá…
La calle estaba sola, o eso creía. Cuando casi llega
unos seres salidos de la nada se interponen en el camino. Unas sombras
horribles, se aparecieron por todas partes.
Jocelyn sacó su estela, solía ser una guerrera aunque
las desgracias la hubieran acobardado, se defendería muy bien. Era de las
mejores Cazadoras de Sombras, incluso había vencido al mismo Valentine.
Los monstruos salieron a su encuentro pero antes de
que atacaran el enorme lobo negro salió a su encuentro.
Ella aprovechó para escapar, estaba demasiado
confundida para hacer algo. Pero sin duda que era Lucian quien atacaba.
Sus divagaciones la hicieron cometer esa locura. Nunca
debió alejarse del automóvil, estuvo a punto de caer en alguna trampa.
El Instituto de Nueva York era territorio del Círculo
ahora, Lucian y Jocelyn estuvieron cerca.

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