Él estaba realmente agotado.
Se habían quedado los dos
recostados uno frente al otro, y su respiración suave y dulce acariciaba
su rostro. Y lo observó, su expresión relajada y ojos cerrados. Jocelyn
nunca creyó que volvería a sentir eso otra vez, que volvería a estar
así con alguien más. Todo había desaparecido, como si hubiera existido
en otra realidad.
Ya no estaba muerta en vida, ahora amaba otra vez.
Quería llorar, pero de felicidad. Era como una nueva persona, como una resurrección.
El reloj que estaba sobre la mesa de noche era de cuerda y sonaba su tic tac como una ligera música de fondo.
Y era lo único que les informaba qué momento del día era en la ciudad de sombras. Aún faltaba para el amanecer.
-¿Cómo te sientes?- habló Luke, no estaba dormido, sólo descansaba. Abrió sus ojos y estaban de nuevo con su usual tono pardo.
-Muy
bien- sonrió ella y los dos se rieron. Por momentos recordaban de
cuando eran dos amigos en el colegio, siempre para arriba y para abajo
juntos, él tan tímido y ella tan poco femenina… pero ya no más.
Era mucho mejor estar así.
Él
la besa en los labios, y en aquel momento, el apartamento era el lugar
más maravilloso del planeta. Ya no había nada que les pareciera ajeno,
extraño o inhóspito, en ninguna parte.
-¿Qué comeremos mañana? No
hay nada en la cocina- ella se rio otra vez, posando la mano derecha
sobre el pecho de Luke y recorriendo cada línea que demarcaba su
musculatura.
-No lo sé- Luke con aquella sonrisa tan expresiva, le
iluminaba el mundo, y la abraza otra vez y, entre sus brazos, nada
podría asustarla más. Se sentía muy segura y feliz, y el frío del
apartamento no los molestaba más.
-¿Crees que ellos de verdad
vayan a apoyarnos?- pregunta Jocelyn, muy apretada a su pecho, porque
Luke había salido ayer para verse con los hombres lobo del edificio, y
algo debieron haberle dicho.
Él suspira, pero no podía verle su expresión.
-Bueno…
Ayer me acerqué a ellos, viven en el piso de abajo, la planta baja…
allí están todos reunidos y la verdad me pregunto si no somos los únicos
que habitamos estos pisos de arriba- le acariciaba la espalda a Jocelyn
que todavía permanecía marcada de runas (Todas las que le había
dibujado Valentine) y luego se detuvo en su rojiza cabellera, y jugó con
los rizos hundiendo sus dedos entre estos.
Tenía la runa ahí, ésa
que estaba dibujada sobre su pecho, ésa que acariciaba ahora que se
habían unido, y desearía haberla hecha él, y que él tuviera una igual
dibujada sobre su corazón…
-Luke, dime. Algo te preocupa, estabas muy tenso-
-Hay
algo que no me gusta. No estamos aquí a la buena del Ángel, Josie, no
estaremos aquí de gratis. Supongo que tendremos que trabajar para
pagarles una renta o algo. Tenemos que comprar sus favores, eso-
-Bueno, claro, trabajaremos, haremos como ellos. Lo que sea que hagan aquí para vivir-
-Hum.
Es que… precisamente los busqué ayer para eso. Para establecer cuentas,
pero no me hablaron de eso- Luke evitaría decirle a Jocelyn de lo que
en realidad le habló Randall ayer cuando lo vio –Creo que
tendremos que
esperar- la besó en la frente y no quería hablar de más de nada que les
perturbara su noche.
Hacía mucho silencio, lo que les resultaba
extraño después de haber vivido en Nueva York. No habían sonidos de
sirenas, de carros, de gente, de nada afuera de aquella ventana. Las
sábanas los abrigaban y cubrían y era maravilloso estar así, porque en
esos momentos nada podía ser capaz de perturbarlos.
Entonces ella lo acarició y él supo que lo estaba buscando otra vez.
--*---*---*---
Nueva York ya no era un lugar seguro para andar, y menos si se era
Subterráneo. Y tal vez tampoco Nueva Jersey, Queens, el estado entero o
el país entero.
Magnus caminaba apresurado y oculto bajo un enorme sombrero rojo cuya ala le cubría todo el rostro.
Estaba
acostumbrado que todo el mundo volteara a verlo pasar, era un ser que
resaltaba por encima de los ordinarios mundanos. Pero eso ahora lo
inquietaba mucho.
Deseaba llegar a su loft lo más rápido
posible y encerrarse allí protegido por algunos artilugios que había
usado para eso. Pero tenía que salir, tenía cosas que hacer, y ahora
traía la comida de gato que había pasado a comprar en la drugstore.
La
calle estaba sola a esas horas de la noche, y había muy poca
iluminación. Tal vez eran ideas suyas, pero la ciudad estaba mucho más
oscura ahora, y era contradictorio, muy contradictorio decir que Nueva
York era oscura y solitaria.
Finalmente llegó hasta la puerta de
su loft y se notó jadeante, pero se tranquilizó, sin embargo, cuando iba
a meter la llave en la cerradura encontró algo allí: era una nota.
Magnus tomó la nota y volteó a todos lados asustado. Pensó que a pesar de todo debía entrar y leer la nota adentro.
Así lo hizo, entró y cerró la puerta.
Por
un momento se negó a leer la nota, creyendo que ellos sabían lo que
había hecho, que Jocelyn y Luke habían estado allí en su casa y que él
sabía dónde estaban ahora…
Finalmente tomó aire y enfrentó la situación con algo de rabia, indignado por estar asustado, y leyó
"Magnus Bane.
Solicito
tu presencia imperiosamente. Por favor, atiende mi petición, nos
veremos a la 1 de tarde en East Meadow. No tienes por qué temer nada, en
cambio te diría lo contrario si no atiendes a mi llamado.
Celine Montclaire"
No
había el nombre ni las iniciales de Valentine por ninguna parte, pero
igual eso no lo tranquilizaba. Debía confiar en que no supieran nada "en cambio te diría lo contrario si no atiendes a mi llamado" ¿Era eso una amenaza?
Se quedó pensativo mirando a la pared, luego soltó aire ruidosamente y cubrió su rostro con las manos: debía ir al encuentro.
---*---*---*---
Jocelyn y Luke no saldrían del apartamento por algunos días, pero no precisamente por miedo.
En verdad no había nada en la cocina para comer, se rieron los dos como si el estómago no los molestara en lo absoluto.
-Tal
vez esas alfombras preparadas con un trozo de toalla quede muy sabrosa y
nutritiva en una sopa-
bromeaba Jocelyn, vestida otra vez, pero sin
mucho arreglo. Se paseaba por la cocina.
-Sopa de alfombra, si tú
eres experta en ese platillo, bienvenido sea- Luke solía burlarse de las
comidas que hacía Jocelyn, pues no era definitivamente una cocinera,
aunque la vida la hubiera forzado a aprender y lo estaba haciendo.
Pero la diversión se vio interrumpida cuando tocaron a su puerta.
Se ensombrecieron sus miradas y Luke fue a abrir, pues por el olor ya había identificado que era Randall.
-Buen día, tórtolos- soltó con un mueca el hombre lobo que llegaba.
-¿Qué quieres?- Luke lo recibe secamente.
-Es
que suponemos que no tienen suministros, víveres y esas cosas- Randall
entra al apartamento como si fuera su casa, sin ser invitado –Y ayer no
tuvimos una conversación muy específica-
-Claro que no- la voz de Luke indicaba amenaza, de lobo receloso de otro lobo.
-En
fin. He venido a proponerles un trato, ya que están aquí porque no
pueden andar allá afuera- le clava los ojos a Jocelyn que seguía en la
cocina.
En la sala se sientan ellos dos muy juntos, frente de Randall que seguía de pie.
-Habla claro. Sabemos que no somos unos invitados, ni ningunas personas muy deseadas en su mundo- habló ella imperiosamente.
-No
en realidad, no nos importan. No nos importan los nefilim, y aquí cada
quien vive su vida… pero- canturreó Randall- Hay una situación ahora muy
grave en el mundo. Tal vez no se han enterado que recién esta madrugada
ocurrió otra masacre, en un restaurant frecuentado por hombres lobo en
las afueras de Queens. Tu esposo actuó de nuevo- se dirigió a Jocelyn.
Luke y Jocelyn no dijeron nada, pero él le apretó la mano porque sabía que la noticia le había afectado.
-Dicen
que fue otro acto de venganza, con mensajes escritos con sangre en las
paredes- el hombre lobo se paseó hasta llegar a la ventana donde ayer
Jocelyn se había acercado a ver la ciudad –No hay duda que el grupo al
que ustedes pertenecieron, no tiene otra razón de ser sino exterminarnos
a todos-
-Randall, ve al grano. Nos estás perturbando, la estás
perturbando a ella- celoso, Luke no permitiría que el hombre siguiera
atormentando a Jocelyn.
-Si ustedes quieren vivir aquí con
nosotros los Subterráneos, entonces nos ayudarán, y así se ganarán su
lugar con nosotros- dijo finalmente, y había nada que indicara cosas de
dinero ni nada de eso –Son de gran ayuda, ustedes dos, y en especial tú,
mujer de Valentine. Tú eres la mejor persona que podamos tener
ayudándonos a encontrarlo y a matarlo-
No se sorprendieron de eso, pero la mano de Jocelyn se tensó.
-Hay
que matar a Valentine, por eso se quedarán con nosotros, porque sabemos
que tú, mi querida nefilim, juraste vengar a tu hijo. Bueno, mátalo,
estás aquí para eso, nos ayudarás a lograr ese objetivo- explicaba
entonces las condiciones, y aunque no era nada nuevo para ellos, el tono
de Randall no les gustaba. Jocelyn abrió mucho los ojos y miraba a
aquel hombre pensando que la tenían allí como si fuera ella un arma
letal que usar. Las palabras siguientes lo confirmaron –Y lo harás ¿Me
oíste?-


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